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Cristina Losada

El juego de la oca

El plan del lehendakari define al País Vasco como una colonia de España. Una que, graciosamente, aceptaría asociarse al Estado español.

Cristina Losada
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Hay un juego en marcha. Leamos los labios de los jugadores. José Blanco, secretario de Organización del PSOE, emplazó a Batasuna a "mover ficha" el día antes de la reunión autorizada del grupo ilegal en Anoeta. Arnaldo Otegui, jefe del grupo ilegal, dijo tras la asamblea legal que su grupo "ha movido ficha". Odón Elorza, jefe del Ayuntamiento que autorizó el acto del grupo ilegal, declaró el domingo en El Mundo, que el brazo político de ETA "ha movido ficha". Puede uno pensar que juegan a la oca, a la oca vasca, naturalmente, aquella de andares ágiles y silueta elegante, que pone huevos de 160 gramos y cáscara blanca. Pero puede que jueguen a un juego más espectacular y expectante, por robarle la expresión a Carmen Calvo.
 
La carta de Elorza pidiendo la legalización de Batasuna y el acercamiento de los presos a las cárceles vascas abundaba en referencias al juego. Una "aturdida" Batasuna estaría buscando la vuelta al "juego político" y el Gobierno y el PSE deberían ser "valientes" para facilitarle el tránsito. También Blanco hablaba de las reglas del juego, que los batasunos deberían aceptar. No colmó sus aspiraciones el acto de Anoeta y mucho menos el comunicado en el que, acto seguido, lo que queda de ETA lanzaba nuevas amenazas de atentado. Pero Elorza, que en estas tesituras saca valentía, cree que hay que "dar tiempo" a los de Otegui. El tiempo que nunca les dieron los pistoleros a sus víctimas.
 
La cáscara del huevo no es blanca. Se anima a Batasuna a volver al redil, del mismo modo que se alienta a Ibarreche a regresar a los foros de una España cuyo nombre le produce dentera; sólo el nombre, no los dineros, que esos bien los quiere. El presidente Rodríguez le coloca a su lado en la foto de la conferencia de presidentes autonómicos y le dedica su tierna sonrisa. El Rey le abraza, como si fuera el hijo pródigo que regresa. Batasuna no entra por el aro e Ibarreche no deja de llevar bajo el brazo su plan, que es su juego y el huevo. Un plan por el que el País Vasco se acogería al derecho de autodeterminación de los pueblos. Un derecho reconocido en el contexto de la descolonización. El plan del lehendakari define al País Vasco como una colonia de España. Una que, graciosamente, aceptaría asociarse al Estado español.
 
El derecho de autodeterminación es un concepto discutido y discutible en la ciencia política. El presidente del Gobierno se ha acogido a la misma ciencia para decir que también es discutido y discutible el concepto de nación. Todo lo es en abstracto. La Constitución española, que el presidente debe acatar, sólo reconoce a un sujeto constituyente: la nación española. Si piensa otra cosa debería promover su reforma y someterla a referéndum. Pero la ambigüedad ayuda al juego y al huevo. Puede haber cabida para conceptos discutibles. Y, sobre todo, puede discutirse el precio del huevo. El precio de la paz, que es como lo venderán si llega el caso. Que llegará. Batasuna se asfixia y ETA agoniza. En lugar de cerrar el nudo, nacionalistas y algunos socialistas avanzan por las casillas con la intención de soltarlo. Hablan de reglas del juego. Pero hay una que no parecen recordar los jugadores que deberían hacerlo: la violencia no debe ser recompensada.

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