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Garzón

El lifting sentimental de la izquierda

Gracias a la mascarada de los neo-antifranquistas nos hemos enterado de varios graves asuntos. Que Franco ha muerto, pero hay restos de franquismo vivitos y coleando. Que esos restos están incrustados en las más altas instituciones. Que algunas son cómplices de torturas e instrumentos del fascismo. Que los hijos de la dictadura gozan de un poder asombroso, aunque eso ya lo sabíamos. Que hemos vivido hasta ahora con una venda en los ojos. Que nadie, salvo Garzón, ha movido un dedo por dignificar la memoria de los que sufrieron y que sólo él, bendito sea, ha procurado que se pudiera enterrar dignamente a los muertos. Vale. Désele la vuelta a la serie y tenemos una auto-acusación en toda regla. Si tal es el estado de cosas, ha sido con el consentimiento de los gobiernos democráticos, incluidos los de González y Zapatero. Y con la plena anuencia de sus votantes y fieles.

Mira que han tenido tiempo. ¿Cómo han tardado treinta y dos años, Villarejo, Méndez, Toxo y compañía, en recordar el deber inexcusable de procesar a Franco? ¿Por qué reprimieron esas ansias de justicia? Y, una vez llegada la ocasión, ¿cómo no se amotinaron contra la Fiscalía y el Gobierno que se opusieron al benemérito intento del juez? Vanas preguntas, inútiles razonamientos, ante una operación de lifting sentimental de la izquierda. El franquismo y la Guerra Civil son los parques temáticos a los que acude para remozar su fachada. Allí recrea sus mitos originarios, recompone su frágil identidad y recarga superioridad moral. Porque allí, el enemigo resucita y toma cuerpo y renace el odio, ese gran motor de la peor política.

Entonces, viene la parte divertida, como en la performance que ofició el rector Berzosa.

Los partícipes olvidan que visten traje y corbata, que forman parte de un Gobierno, que lucen barriga y peinan canas, y se hacen pasar por una asamblea de facultad de los sesenta. Se ven con melena y Levis, se sienten luchadores, descubren fascistas en todas partes y gritan, llorosos, ¡no pasarán! Es como un rito tribal, pero sin consumo de alucinógenos. Y con un propósito político. Zapatero se instaló en el parque guerracivilista para aglutinar a la izquierda. Triste. Sólo le queda Franco para arremolinar a las dispersas huestes.

La Sra. Losada es periodista y escritora. Comentarista político de esRadio. Autora de Morfina roja (Libros Libres, 2008) Miembro del panel de Opinión de Libertad Digital.

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