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Cristina Losada

El madrileño Iglesias nos quita la nación

Ni conocen el separatismo catalán con el que sellan alianza, ni conocen España.

Cristina Losada
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Ni conocen el separatismo catalán con el que sellan alianza, ni conocen España.
Pablo Iglesias | EFE

Los nacionalistas, al menos, no ocultan lo que son. Que su objetivo último era y es la ruptura de España, también es algo sabido. El separatismo catalán no ha escondido estos años su voluntad de pasar por encima de la soberanía del conjunto del pueblo español. De pasar por encima del conjunto de los ciudadanos españoles, incluidos los ciudadanos de Cataluña que no comulgan con sus planes o con la forma en que los llevan a cabo. Si alguien tenía dudas sobre el carácter antidemocrático de esos planes y el talante antidemocrático de sus ejecutores, vea las sesiones en el Parlamento catalán en las que se aprobaron las supuestas leyes para la ruptura.

Los separatistas catalanes no engañan a nadie, salvo a los que quieren engañarse, en lo que concierne a sus objetivos, a sus métodos y a sus motivaciones, entre las que destacan el egoísmo económico y el supremacismo. Por lo menos, hay que concederles eso. Algo que, en cambio, no se puede reconocer a Podemos y a su dirigente Iglesias, que han estado disfrazándose de lagarterana. Se disfrazaron con la palabra patria y la palabra España, igual que se disfrazaron primero sin y luego con la ideología "de izquierdas". Cierto que era un disfraz muy poco convincente ese de patriotas españoles que a veces se ponían. En las regiones donde hay nacionalismo ya vimos que estaban en su órbita, meros satélites. Pero ahora es toda la pose patriótica, que copiaron del populismo iberoamericano, lo que se demuestra una impostura.

Era de cajón. No es una sorpresa. Pero había una posibilidad, una entre mil, de que no se sumaran al golpe a la nación y a la democracia que están dando los separatistas en Cataluña. Lo que se ve, sin embargo, es su creciente complicidad con el golpe y sus autores. Y algo más profundo. Suponiendo que Iglesias tenga alguna convicción, sus convicciones sobre España son del mismo orden, o desorden, que las del separatismo. Cada día que pasa y que habla se le entiende más. Se entiende que, para él, los únicos ciudadanos de Cataluña que cuentan son los que están de acuerdo con el proceso de ruptura. Cuando habla de los "ciudadanos catalanes" habla de los que son nacionalistas. Al resto, que les den. Y no digamos al resto de los ciudadanos españoles: quiere privarnos de la capacidad de decidir sobre el presente y futuro de España.

En la estrecha visión de Iglesias, plagiada de la del nacionalismo, sólo son catalanes, gallegos y vascos los que son nacionalistas. Y esto, para más, viene de un madrileño. Qué grotesco. ¿Un madrileño nos viene a decir a los gallegos no nacionalistas, ya pongo mi caso, que no somos verdaderos gallegos y que nuestra nación no es España? Pero de qué. Aparte de la impostura patriótica, hay algo que está quedando al descubierto como pocas veces en Podemos y en Iglesias: su indocumentación. Ni conocen el separatismo catalán con el que sellan alianza, ni conocen España.

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