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Cristina Losada

El mandilón identitario

Supongamos que en las guarderías españolas se hubiera vestido a los niños con mandilones a la rojigualda y un "España" en el pecho para hacer patria. Más que niños pequeños, parecerían pequeños soldados. Y eso es lo que pretenden los nacionalistas.

Cristina Losada
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Los sabios advierten de la facilidad con que los payasos que no ejercen en las pistas del circo sino en las del intelecto o la política pueden convertirse en "realizadores de la historia". Los hechos lo prueban. Así, por algún tiempo, se tuvo a Hitler por un bufón, un tipo excéntrico al que se podría engañar o domesticar a conveniencia. Era aquel rufianesco personaje uno de los tipos de loco que las eminencias que llevan siglos en el guindo creen que han de moderarse cuando lleguen al poder y se encuentren con la realidad cara a cara. ¡Imaginen los peneuvistas cuando asciendan los batasunos! Total, que estas y otras enseñanzas debían impedirnos tomar a chanza a quienes encarnan el producto typical spanish más estrafalario de que disponemos, es decir, a los nacionalistas. Pero no hay manera. Hacen lo posible para que no los tengamos por gente seria. Y aun sabiendo de su condición de sanguijuelas y su intención de chupar toda la sangre de un organismo que es, como si dijéramos, el nuestro, salen con ocurrencias como la de los mandilones y nos vuelven a sentar en la grada desde la que reíamos las gansadas de Tonetti y compañía. No vivimos en Jauja, pero no salimos de la carcajada. Los gusanos también hacen cosquillas.

La cosa ha salido en el DOGA, que es el BOE gallego, y reza así: que sacan a concurso el diseño de los mandilones de los niños que asistirán a las "galescolas" y que las prendas deberán identificar a sus portadores como miembros de una "red institucional propia de Galicia con identidad propia". Hete aquí una gran responsabilidad para esos rapaciños. Con menos de tres años de edad llevarán sobre sus cuerpos los signos de la propia identidad propia de Galicia, la cual es para los nacionalistas una identidad tan colectiva como excluyente. De paso, le harán publicidad al padre de la criatura galescólica, el vicepresidente Quintana, el cual, en punto a anuncios, no tiene límite ni de avidez ni de gasto. Cuáles serán esas señales está por ver, pero supongamos que en las guarderías españolas se hubiera vestido a los niños con mandilones a la rojigualda y un "España" en el pecho para hacer patria. Más que niños pequeños, parecerían pequeños soldados. Y eso es lo que pretenden los nacionalistas, que sólo viven para dar la batalla de la lengua y ganar la guerra de la nazón. Una tarea en la que no les van a la zaga los socialistas de Breogán, que acaban de presentar una campaña para promover el gallego durante el embarazo. Ni en el seno materno podrá uno escaquearse de los tentáculos de la imposición lingüística.

Desde que los Tonetti se hicieron cargo, no hay semana sin órdenes y propuestas para lo que llaman galleguización. La cual consiste no en conservar lo "propio", sino en erradicar lo "ajeno". En borrar del paisaje y el paisanaje todas las huellas de una larga historia común y una prolongada mezcla, para regresar a una pureza originaria que nunca existió. De la cuna a la tumba va el asunto. Desde la maternidad hasta la lápida, pasando por la escuela, donde la última es un decreto para que se enseñe a leer y a escribir primero en gallego, sea cual sea la lengua materna. Pues el gallego no goza de buena salud, o eso argumentan, van a poner en peligro las oportunidades de los gallegos. Y a quitarles la libertad de decidir en qué idioma desean nacer, estudiar, trabajar, vivir y morirse. Porque los nacionalistas invocan la pluralidad de puertas afuera, pero la trituran de puertas adentro. Todo su afán consiste en moldear la sociedad a su imagen y semejanza, en acabar con la heterogeneidad e imponer la uniformidad. Coherentes en la obsesión, recalan ahora en los uniformes. De manera que Galicia seguirá esperando por el Plan de mier..., por el AVE que no vuela sino repta, y por las empresas que en lugar de aterrizar, despegan. Pero, a cambio, avanza en la "construcción nacional" y podrá vestir a sus tiernos infantes con esa prenda única, original e identitaria. Manda mandilones.

Tertuliana de Es la Noche de Dieter.

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