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Cristina Losada

El misterio de la plurinacionalidad

A ver qué trofeo le pueden entregar Pablo y Pedro, Pedro y Pablo, a Esquerra Republicana.

Cristina Losada
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A ver qué trofeo le pueden entregar Pablo y Pedro, Pedro y Pablo, a Esquerra Republicana.
Jaume Asens

Los que ya se han presentado como futuros presidente y vicepresidente del Gobierno de España han roto a escribir. Acaban de escribir, los dos, cartas a la militancia, y ambos han publicado artículos en The Guardian. Sabemos que por sus escritos no conoceremos sus posiciones de dentro de un cuarto de hora. Tampoco por las palabras que se lleva el viento. Pero es de interés ver cómo despliegan su magia en letra impresa. Y compararlos. Sobre todo, en relación al separatismo catalán, cuyo concurso se busca para la investidura, y cuya colaboración siempre ha sido esencial para la ruptura del candado constitucional que apetece a Iglesias.

El anunciado vicepresidente lo dice al principio de su artículo en el diario izquierdista británico, pieza que ha escrito ya desde el sillón del cargo: "En el próximo Gobierno tenemos que ser capaces de afrontar el conflicto catalán y el hecho de que España es un país plurinacional. Esto demandará diálogo y empatía". ¿Con quiénes? No lo desvela el autor; tampoco hace falta. Se desprende, además, de su análisis de las elecciones, que centra en el surgimiento de lo que llama "un partido abiertamente neofranquista". Es lo mismo que dijo a lo bruto Aitor Esteban en un debate, pero cubierto con el prefijo neo-, que aguanta cualquier chaparrón y evoca a los auténticos malos –los neoliberales–, que, como luego dirá, resulta que también son los de Vox. Lo tienen todo.

En la ciencia politológica de Iglesias, la subida del partido de Abascal sólo cabe atribuirla a "la manera en que la derecha española abordó la crisis catalana". Nada que ver, por tanto y por supuesto, con la conducta de los separatistas estos años. Es más, su ciencia infusa le dice que la confrontación de la derecha con "el movimiento de independencia catalán" y su competición por ver quién planteaba la solución más dura son la causa del hundimiento de Ciudadanos. ¿Nos quiere hacer creer Iglesias que el votante de Ciudadanos deseaba que Rivera y Arrimadas fueran más blanditos con el independentismo? Se lo quiere hacer creer al lector del Guardian. Como remate, incluye la culpa de los medios y comunicadores "ultraconservadores" que "han normalizado el discurso de extrema derecha", y ya tiene, si no un análisis, sí una lista corta de enemigos. Los medios privados, lo dijo hace años, atacan la libertad de expresión y han de tener "mecanismos de control público". Ahora, sí se puede.

Ahora, sí, Pedro. ¿O va a ser que no? Porque el presidente en funciones, en una pieza en el mismo diario, competía –¿con Ciudadanos?– en dureza hacia el separatismo. Desde el mismo título: "Como presidente del Gobierno, me niego a permitir que los separatistas catalanes socaven la democracia española". Así lo explicaba y a ello se comprometía en todas las líneas de un texto donde situaba el desafío separatista en tres vertientes: contra el marco constitucional, contra la mayoría de los catalanes, que rechazan la independencia, contra Europa. Había frases como éstas: "Ningún Estado permitiría la secesión unilateral de una parte de su territorio"; "ningún demócrata debería apoyar el camino seguido por los líderes separatistas"; "un camino unilateral hacia la independencia es un atentado directo a los principios democráticos fundamentales". Había avisos contra la "red de mentiras" del separatismo y contra el uso de la violencia como instrumento político. Y había, finalmente, una disposición al diálogo, pero condicionada. Siempre que los dirigentes separatistas "acaten la Constitución y respeten el Estado de Derecho".

Cómo combina esto con lo de Pablo es asunto problemático. Mucho. Pero más lo es que el artículo de Pedro sea del 7 de noviembre. Tres días antes de las elecciones. Tres días antes de que no tuviera elección. O eso pensó. O actuó como si lo pensara. En cinco días, la firmeza con el separatismo ¿mutaría ya en "diálogo y empatía"? Es probable. Queda más en el aire, porque al aire pertenece, qué va a ser de la plurinacionalidad, cómo va a sustanciarse. En 2016, cuando Iglesias le hizo un Gobierno a Sánchez sin que nadie se lo pidiera, transformó el misterio de la plurinacionalidad en un ministerio. Al menos, pasamos de algo que nadie sabe lo que es a un sólido y recio ministerio, que se sabe bien en qué consiste.

El Ministerio de la Pluri que inventó Iglesias iba a ser para sus socios catalanes. Es decir, para el que antes ocupaba el lugar que hoy ocupa Jaume Asens. Pero no les gustó a los separatistas: ni el misterio ni el ministerio. De modo que no vale la pena que lo resucite. Así que a ver. A ver qué trofeo le pueden entregar Pablo y Pedro, Pedro y Pablo, a Esquerra Republicana.

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