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Cristina Losada

El optimismo sociológico del PP

Los españoles confían cada vez menos en el Gobierno del ahora fidelísimo y servicial aliado de EEUU, pero no depositan por ello más confianza en Rajoy y en su partido. ¿Será que no han percibido el enésimo giro al centro?

Cristina Losada
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Con el último barómetro del CIS recién salido de cocina, el Partido Popular se ha puesto a entonar La vie en rose. Su secretaria general, María Dolores de Cospedal, subraya que son los mejores datos que su partido ha obtenido en cuatro años, y sostiene que revelan que "los españoles confían cada vez más en el proyecto del PP" y menos en el del Gobierno. Todo lo cual le lleva a asegurar que la estrategia de Rajoy es correctísima y que no son atinadas las críticas que recibe, la última de las cuales, y la más publicitada, figura en un Cuaderno de la FAES.

Cuando el "optimismo antropológico" de Zapatero no ha pasado aún a la historia de la frivolidad, la oposición se apresta a copiarle la actitud sin pasar por la taquilla de los derechos de autor que recolecta Teddy Bautista. Cierto que los partidos tienen por costumbre cantar victoria. Se parecen al jugador empedernido que cree que la suerte no tiene otra cosa que hacer que sonreírle. Sólo que los políticos impostan el triunfalismo, conocedores y, al tiempo, alentadores de la extendida tendencia a apostar por el ganador. Forma así parte del juego que finjan un optimismo exultante, y casi insultante, pero los datos son los datos los diga el CIS o su porquero.

El vaso se puede ver medio lleno y medio vacío, sentencian los relativistas de ocasión. Pero aquí no cuela ese truco óptico. Los españoles confían cada vez menos en el Gobierno del ahora fidelísimo y servicial aliado de EEUU, pero no depositan por ello más confianza en Rajoy y en su partido. ¿Será que no han percibido el enésimo giro al centro? ¿Será que el Partido P’ayudar no despierta el entusiasmo de sus votantes? Averígüelo Arriola. Tampoco es tan difícil de desentrañar el misterio de que la factura que se le pasa a Zetapé no redunde en beneficios para sus adversarios, salvo que un empate se celebre como un triunfo. Pero hay un escollo. La incógnita en cuestión se despeja en los terrenos colindantes de las ideas y la ideología. Y de ellos huye la dirección del PP. Antes que entrar, prefiere darlos por perdidos.

Tertuliana de Es la Noche de Dieter.

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