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Cristina Losada

El pecado original

El PSOE escurre ahora el bulto de la responsabilidad que adquirió al verter toneladas de demagogia y al incitar a que, por vez primera, se culpara de un atentado al Gobierno. Ése es su pecado original

Cristina Losada
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Las hemerotecas están muy solicitadas desde que se dictó sentencia sobre los atentados del 11 de marzo. Los socialistas se proponen pergeñar un vídeo con retazos de declaraciones para refrescar lo que llaman las mentiras del PP. Rubalcaba, que necesita una hemeroteca portátil que le recuerde su papel en gobiernos pasados antes de pronunciar "mentira" o "verdad", quiere poner de rodillas a Rajoy para que mirando al encerado y después de recibir los palmetazos, repita "ETA no ha sido" de aquí a las elecciones o de aquí a la eternidad. Cuando se les replica que, en ese caso, los dirigentes socialistas deben decir también que "Irak no ha sido", se declaran inocentes y niegan con su habitual rotundidad que hubieran establecido nunca una relación entre la masacre de Atocha y la guerra contra Sadam.

En la hemeroteca se han hallado evidencias en contrario, que también refutan, pero la verdad no se encuentra únicamente en las declaraciones impresas en los periódicos. Ahora que, como escribe Girauta, el concepto de "autoría intelectual" ha dejado de tener sentido para la izquierda, eso sí, justo después de la sentencia, se hace preciso regresar, mal que nos pese, a la extraordinaria trascendencia que en los tres días de marzo adquirió la "autoría" sin más. Entre el 11 y el 14, la autoría fue el tema central y prácticamente único que ocupó el escenario político y la antesala electoral. Otra cosa es que no hubiera debido ocuparlo, pero fue así. El "queremos saber", el "quién ha sido" y el "queremos saber antes de votar", se enseñoreó del tiempo previo a las urnas, que era muy poco, y de tal manera, que condicionó la gestión de los responsables de Interior, los cuales se vieron obligados a transmitir casi en directo la información, mala o buena, que eso es harina de otro costal, que les llegaba de las pesquisas.

No es un misterio el por qué de la obsesión con la autoría que prendió entonces. Cualquier observador que hubiera permanecido en España durante el año y pico previo podía explicarla. Y aunque ninguna figura relevante la formuló públicamente con tal franqueza, flotaba con densidad inusual en el aire: si han sido unos islamistas, se culpará al PP. Si los autores son musulmanes, se entenderá que la masacre es una represalia por el respaldo de Aznar a la intervención en Irak. Todo lo cual se expresaría sin rebozo alguno en las calles, en las pancartas, en los gritos y en los acosos. Es más, la acusación al PP de mentir parte de la presunción de que dicho partido era consciente de que se produciría esa transferencia de culpa y que trató de evitarla manteniendo la autoría de ETA en público. En otras palabras, nace de la suposición, que se demostró correcta, de que una parte del electorado establecería una relación directa, causal, entre el atentado, la mentira y la guerra de Irak.

Cuando la cúpula socialista dice que jamás achacó el 11-M a la decisión política que se plasmó en la foto de las Azores, no sólo reescribe la historia de su actuación durante los tres días de marzo, sino también la previa. Aquel período de agresiva campaña, durante el cual llegaría a afirmarse, y así lo escribía Zapatero en El País, que "España va a pagar un alto precio por el apoyo de su Gobierno a la guerra". El PSOE escurre ahora el bulto de la responsabilidad que adquirió al verter toneladas de demagogia y al incitar a que, por vez primera, se culpara de un atentado al Gobierno. Ése es su pecado original, y su reacción al dictamen del tribunal muestra que persiste en él hasta la reincidencia.

Tertuliana de Es la Noche de Dieter.

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