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Cristina Losada

El retorno de la limpieza de sangre

Los exterminadores del castrapo y otras plagas venidas de España ofrecen asesoría para transformarse en gallegos no contaminados. Un status que alcanzarán si modifican sus nombres y apellidos, como hicieron los conversos en siglos oscuros.

Cristina Losada
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La Universidad de Vigo ha lanzado una campaña por la regalleguización de nombres y apellidos digna del nacionalismo con zeta. "Ya va siendo hora de corregir y restaurar nuestros apellidos deturpados", proclaman sus paladines. Deturpados, esto es, afeados, manchados, estropeados y deformados por la influencia del español. El idioma que es primera o segunda lengua de los gallegos y hablan millones de personas en el mundo constituye para estos nuevos inquisidores un virus maligno que altera la pureza lingüística y nos hace perder "nuestra identidad".

Como si escribieran al dictado del orate Arana ("ya no es posible distinguir de los extraños a los verdaderos naturales del país [...] es preciso mirar a los apellidos"), los promotores de ese plan de desinfección explican que "el nombre y el apellido son la principal señal identificadora de una persona y la representan socialmente". De ahí que les parezca intolerable que la onomástica gallega permanezca ensombrecida por los efectos del "ansia uniformizadora y asimiladora de Castilla". Por lo cual propugnan la uniformidad: su gran enemigo son las "formas híbridas". Piensan que la mezcla de lenguas corrompe y al borde quedan de hacer suya otra sentencia sabiniana: "El apellido es el sello de la raza".

Pues se trata de invitar a una "reflexión serena e informada", el cartel que publicita la campaña es un pasquín de búsqueda de delincuentes. Los criminales forman "la banda de los castropeiros", así llamados por el castrapo, el mestizaje de gallego y español que la policía lingüística universitaria ha decidido perseguir sin descanso. Unas siluetas identifican a los facinerosos. Hay, entre ellos, un guardia civil, un sacerdote y varias devotas. Los delitos de tal cuadrilla son "atentar contra la identidad del país y de sus gentes", "despreciar nuestra lengua y nuestra forma de ser", "deturpar nuestros nombres y apellidos" y algún otro de ese jaez.

Los exterminadores del castrapo y otras plagas venidas de España ofrecen asesoría para transformarse en gallegos no contaminados. Un status que alcanzarán si modifican sus nombres y apellidos, como hicieron los conversos en siglos oscuros. Quien quite de la genealogía la mácula española podrá obtener el estatuto de limpieza de sangre y legarlo a sus descendientes. Mientras el proceso evoluciona, se hace indispensable un cambio. A una Universidad que permite y financia una campaña así, se le debe despojar de ese nombre. Mantenerlo deshonraría a una institución que nació apelando a lo universal.

Tertuliana de Es la Noche de Dieter.

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