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Cristina Losada

El tigre de papel

El notorio antifranquista retrospectivo no piensa aflojar el rígido corsé laboral heredado de la dictadura. Y ahí vienen bien Toxo y Méndez como perros guardianes. El Gobierno quiere, pero los sindicatos no le dejan. Echen otro hueso.

Cristina Losada
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Lenin tenía muy claro qué esperaba de los sindicatos en las democracias a destruir. Cuando vio en un periódico la foto de unos huelguistas ingleses jugando al fútbol con agentes policiales, ordenó la supresión de los fondos que el Komintern destinaba a los sindicatos británicos. Pensó, y pensó bien, que no harían jamás la revolución. Las trade unions no eran revolucionarias, pero acumularon un poder capaz de derribar gobiernos, si bien a fuerza de usarlo, terminaron por derribarse ellas. Recibieron la puntilla en los ochenta, cuando el líder minero Scargill topó con la determinación de la Dama de Hierro. Durante una generación, no volvieron a levantar cabeza.

Nada indica que en España las dos centrales hegemónicas dispongan de la capacidad para vertebrar algo parecido al "invierno del descontento" que, en 1979, sentenció al último Gobierno laborista y abrió la puerta a la victoria de Thatcher. Pero se dice que el fantasma de las huelgas generales contra Felipe González atemoriza al pobre Zapatero y que ése es el motivo de que diera dos pasos atrás, después de dar medio adelante. Paparruchas. Desde luego, no van a encabezar Méndez y Toxo manifestaciones por el abaratamiento del despido. Como no convocaron la huelga contra el Gobierno que les reclamaban algunos ilusos. Pero de ahí a que sean los obstáculos insalvables va un buen trecho. Ni aquel paro contra el "decretazo", que era, en realidad, contra el PP, fue para tanto.

La naturaleza del escollo se refleja en encuestas recientes. Hay acuerdo general en que el País de las Maravillas se desmorona, pero también en que nada ha de cambiar. Lo queremos todo, ¡qué noticia! Y Zapatero, que alimentó la creencia en la fiesta infinita, como otras fantasías adolescentes, no tiene hechuras de Churchill para descorrer la cortina, mostrar la fea estampa de la realidad y pedir sacrificios. Al contrario. Hasta inventa contubernios contra España con tal de no afrontar la evidencia. Entre la espada y la pared, prefiere la parálisis. El notorio antifranquista retrospectivo no piensa aflojar el rígido corsé laboral heredado de la dictadura. Y ahí vienen bien Toxo y Méndez como perros guardianes. El Gobierno quiere, pero los sindicatos no le dejan. Echen otro hueso. Los sindicatos son tigres de papel. El zapaterismo no quiere jugarse la suerte electoral a la ruleta de las reformas impopulares y lo demás son pretextos.

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