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Cristina Losada

El triunfo de los "progres"

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Como la mayoría de los españoles, no conozco a la catedrática Mercedes Cabrera Calvo-Sotelo. Y eso que en algún momento debimos compartir facultad, la destartalada guarida de Ciencias Políticas de la Complutense. Pero, claro, yo hice la carrera a trompicones, tanto porque empecé a trabajar como porque entonces militaba en un partido y en un sindicato –ilegales– y eso significaba horas extras a mogollón. Pero si hago este apunte biográfico es porque la elección de la profesora como número dos de la lista socialista por Madrid simboliza de nuevo, a mi entender, el triunfo de los que en aquella época el PCE llamaba "progresistas", luego simplemente "progres", triunfo que es también el fracaso de los militantes cuasi profesionales de la oposición anti-franquista. Dicho sea con las excepciones de rigor.
 
El propio tío de la afortunada lo dejó claro en sus primeras declaraciones tras la buena nueva. Ella era considerada en la familia una "progre", pero ahora ya no, pues le han dado un puesto importante en el PSOE. Todo un resumen de lo que ha sido, desde la Transición, y por impulso de los socialistas, la creación de una élite política y cultural de izquierdas –por seguir la convención– en España. La elección de Cabrera remacha el compromiso y la apuesta del PSOE por esa élite, en detrimento de lo que debería ser su base social natural: los trabajadores, los obreros de sus siglas. Pero el nombre, y no descubro América, ya no responde a la realidad ni, lo que es más importante, se esfuerzan mucho por que lo haga.
 
Si uno repasa las listas de candidatos, si no en las generales, en las locales y autonómicas, descubre con sorpresa –si cree en la retórica al uso– que en las listas del PP suele haber más personas procedentes de las clases populares que en las del PSOE. Pequeños empresarios, comerciantes y titulados medios, versus profesores y profesionales de prestigio, es un patrón que se repite al comparar unas y otras. Cierto que hay tradición académica en el socialismo español: Besteiro y Fernández de los Ríos eran catedráticos universitarios, pero para compensar tenían a un Largo Caballero. La sociedad ha cambiado y la cantera de votos del PSOE también. Los socialistas, que últimamente parecen dispuestos a renunciar a la E, le tiran ahora los tejos a la O con personas como Antonio Gutiérrez, sindicalista con clase, más que de clase
 
El irresistible ascenso de los "progres" es un caso fascinante para quienes recuerden que antes de la Transición eran una especie de "tontos útiles" a los que los militantes de izquierdas explotaban todo lo que podían y, en el fondo, despreciaban, pues si bien simpatizaban con "la causa", no daban el paso decisivo a la acción y se limitaban a proporcionar cierto apoyo, pisos para reuniones, dinero, y otras menudencias. Los "progres" se aplicaban a sus carreras o profesiones, mientras que los militantes de brega lo descuidaban casi todo menos el agit-prop. Así les fue, nos fue. Luego, una vez en democracia, la frontera entre los dos grupos se desdibujó y se produjo una amalgama, a la que se unieron los recién llegados al convite. El diario El País fue el oráculo que suministró las ideas, las actitudes y las modas que configuraron la nueva élite. La que desbancó del poder político, aunque no del cultural y mediático, el PP hace ocho años.
 
Para hacerlo del todo típico, el perfil de la "número dos" luce un apellido de resonancias derechistas. Otro rasgo muy de entonces: en las familias de derechas salía la "oveja negra" que se hacía roja o por lo menos progre. Muy simbólica, en fin, la elección. Al menos hay que felicitarse de que la elegida no fuera actriz o cara famosa de la tele. ¡Y se decía que la carrera de Políticas no tenía "salidas"!

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