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Cristina Losada

El viaje imposible de ZP

Los suyos han empezado a desertar y más pronto que tarde se pondrán a buscar al nuevo mesías de la izquierda auténtica. Y de los adversarios que él convirtió en enemigos, de aquellos contra los que ha gobernado, nada quiere y nada puede esperar.

Cristina Losada
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Cuando Josep Pla visitó Nueva York se quedó maravillado ante los rascacielos, las luces y el bullicio de las calles y enseguida se interesó por la cuestión esencial. Preguntó: ¿Y quién paga todo esto? Hace unos días, en aquella ciudad, Zapatero se reunió con los que "pagan todo esto". Y con "esto" no me refiero a los fastos neoyorquinos, sino a los fastos zapaterinos. Quienes han financiado los dispendios del Gobierno, fuesen cheques-bebé, rentas de emancipación o subvenciones a socios y amigos son, junto al sufrido contribuyente, los señores que la prensa denomina "tiburones de Wall Street". Sin la aportación de esos caballeros que el socialismo tachaba de especuladores codiciosos y ahora trata como a honrados inversores, la gran fiesta non stop de ZP se hubiera quedado en un modesto guateque.

El buen juicio de Pla tiene, sin embargo, poco arraigo en nuestra izquierda, instalada en la noción de que todo sale gratis. La economía de mercado le resulta un arcano indescifrable y, en cualquier caso, es anatema, aunque no por eso renuncie a sus beneficios. Nadie quiere mudarse a Corea del Norte, pongamos. El intento de Zapatero por convencer a Soros y demás chupasangres de que su mini ajuste va en serio, se percibe ahí como una intolerable humillación de la democracia ante los mercados, que en su cosmovisión figuran como conceptos antitéticos. Medios afectos al presidente le reprochan su transformación, certifican el fin del ZP de sus amores y auguran su próxima derrota. A un paso están de denunciar que se ha hecho ¡de derechas!

Bien empleado le está. Zapatero izó el estandarte ideológico como primordial reclamo, radicalizó las diferencias y polarizó a la sociedad. Ganó por dos ocasiones con tal estrategia y la esperanza en una huida permanente de la realidad. Y ésta se ha tomado su revancha. Cuando forzado por la magnitud de la debacle ha debido adaptar parte de su política a lo real, se encuentra sin compañeros de viaje. Los suyos han empezado a desertar y más pronto que tarde se pondrán a buscar al nuevo mesías de la izquierda auténtica. Y de los adversarios que él convirtió en enemigos, de aquellos contra los que ha gobernado, nada quiere y nada puede esperar. Así, el Zapatero de antes hace imposible la travesía que pretende el actual. Le toca pagar.

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