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Cristina Losada

El vivero del nacionalismo

Las escuelas son, desde hace años, el vivero del nacionalismo. Allí intenta moldear las mentes, cultivar a sus alevines y forjar a sus camisas pardas, las fuerzas de choque que intimidan y agreden a los disidentes.

Cristina Losada
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Uno manda a sus hijos al colegio con el fin de que obtengan conocimientos y lo que obtienen es la bandera del BNG y de cuanto grupúsculo mora en la caverna nacionalista. Con ese estandarte, los niños se pasearán por una manifestación o por un correlingua en el curso del cual se representará una obra de teatro que trata de "renegados" a los gallegos castellanohablantes. Los progenitores aún estarán de suerte si sus criaturas no acaban de público en un recital destinado a reclamar la libertad de unos individuos presos por colocar una bomba. De ese tenor son las actividades extraescolares que se llevan a cabo en centro públicos gallegos bajo la comandancia de los Equipos de Normalización Lingüística. Así se observa, sin trampa ni cartón, en la documentación reunida por Galicia Bilingüe.

Las pruebas son incontestables. Los profesores que imparten la invasiva Formación del Espíritu Nacional no ocultan lo que hacen, sino que lo exhiben, carentes de pudor alguno, en las páginas web de los centros. Cuesta llamarlos profesores. Son indignos de tal nombre y de tal cargo unos funcionarios públicos que utilizan su ascendiente sobre unos menores de edad para inducirlos a comulgar con su ideología y acarrearlos a actos de signo político. No sé a qué espera el gobierno autonómico para abrir una investigación propia y expedientar a tan descarados adoctrinadores. Mejor no saberlo. Dos de los Equipos más significados en la innoble pedagogía del odio recibieron sendos premios de la Consejería de Educación hace poco. Se trata de galardones a la innovación. Incitar al lanzamiento de cócteles molotov, publicitar a grupos filoterroristas o pedir el voto para el BNG son, desde luego, innovaciones, pero de las que pervierten el espíritu y la letra de la enseñanza.

Las escuelas son, desde hace años, el vivero del nacionalismo. Allí intenta moldear las mentes, cultivar a sus alevines y forjar a sus camisas pardas, las fuerzas de choque que intimidan y agreden a los disidentes. La desfachatez, la absoluta normalidad con la que se desarrolla el proceso de adoctrinamiento, indica que sus autores se sienten impunes. Y con razón. Sólo los gobiernos del PP podían rechistarles y siempre tuvieron a bien renunciar. Gracias a la proverbial agudeza política de la derecha, la enseñanza gallega es territorio en poder de los fanáticos.

Tertuliana de Es la Noche de Dieter.

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