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Cristina Losada

Esa rebelde realidad

A su parecer, la doctrina del Papa fue: hagas lo que hagas en tu vida sexual, hazlo sin condón. Y de esa caricatura, a la de culparlo de la epidemia del Sida, un paso

Cristina Losada
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Una de las diferencias entre la izquierda de antaño y el progrerío de ahora, hijo tonto de la descomposición de aquella, es que unos se sabían minoría, eso sí, iluminada, y éstos creen que todo el mundo es como ellos. La casta de los ungidos, no obstante, sigue conceptuándose superior; ellos no son como todo el mundo, sino al revés. La dialéctica entre la vanguardia y las masas, que dirían los de antes, se plasma en los de ahora en la convicción de que tienen a las masas en el papo.
 
Y ¿qué ocurre cuando las masas demuestran que no son como ellos? Verbigracia, muere el Papa y millones de europeos toman las iglesias y las calles exhibiendo su condición de cristianos, eso que daban por extinguido, una rémora del pasado a la que dedican sus dicterios más acerbos. Cosa incomprensible, porque si está en decadencia, para qué molestarse en atacarlo.
 
Pues cuando hay disonancia entre la realidad y la ideología, pasa lo que ha pasado siempre: se enmascara la realidad para que se ajuste a la línea, antes del partido, ahora de los oráculos que velan por el bienestar de los ungidos. Porque el procedimiento rutinario de la izquierda en estos trances es como el famoso chiste que se cuenta de los periodistas. No hay que dejar que la realidad estropee un buen prejuicio.
 
Así que se han puesto a retocar la foto. Resulta que el Papa que más combatió el comunismo y tuvo un papel crucial en su caída, era anticapitalista. Para que vean. También era contrario al choque de civilizaciones. Y además se opuso a la guerra de Irak. Un par de reportajes más y el Papa habrá sido un discípulo de Rodríguez en las movidas del noalaguerra, el diálogo y la alianza aquella que suscribimos con Mongolia.
 
La envergadura de la movilización no ha debido aconsejar la reacción de manual que consiste en tildar de “facha” a todo lo que se mueva en sentido contrario. ¡La extrema derecha se da cita en Roma! Hubiera sido un buen titular y es pronto para descartar que aparezca. Todo se andará. Pero la casta no sería la casta si no adoleciera de insularidad. Metidos en su burbuja, los elegidos han visto con indignada sorpresa ese otro mundo que existe y no es el suyo. Y no han podido resistirse a su juego favorito.
 
Un gran argumento ha sido el preservativo. A su parecer, la doctrina del Papa fue: hagas lo que hagas en tu vida sexual, hazlo sin condón. Y de esa caricatura, a la de culparlo de la epidemia del Sida, un paso. Pero es que han olvidado, si es que alguna vez han sabido, que en los ochenta, cuando se detectó la enfermedad, sus colegas de ideología americanos se opusieron a las medidas de precaución. Entonces, como cuenta David Horowitz, la izquierda tachó de reaccionarios a quienes querían atajar la epidemia. Entonces, no había que dejar que la realidad se interpusiera en el camino de la revolución sexual. Eso era entonces. Ahora, lo del condón es progresista. Los demás son reaccionarios, como siempre, que esa partición del mundo es lo único que permanece.

Tertuliana de Es la Noche de Dieter.

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