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Cristina Losada

Fascista el que no vote…

Lo que no es tan fácil que se conjure es la mutación que ha sufrido la izquierda del 11-S acá. Hay temas del orfeón estalinista que han vuelto al hit parade, como el de "fascista el que me contradiga"

Cristina Losada
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…a Kerry. Eso vino a decir, más o menos, la periodista y escritora norteamericana Barbara Probst Salomon el otro día en Madrid. Dijo: "El fascismo, desde luego, es posible en EEUU, si gana Bush". Yo ya me lo temía. Me temía que no sólo fuera en España donde, parafraseando a Thomas Sowell, "fascista" es aquello que uno de la izquierda fósil le llama al oponente cuando está en apuros en una discusión. El que usa el conjuro conoce su efecto, pero casi siempre ignora qué significa lo que dice. Doña Barbara, pese a su larga trayectoria vital, parece que se encuentra entre los benditos ignorantes. Y no me extraña.
 
Si uno prefiere seguir creyendo en la vieja serie de buenos y malos que produjeron, con éxito indiscutible, los estudios soviéticos, cuanto menos sepa mejor. Paul Johnson cuenta que cuando apareció el fascio, los comunistas anduvieron un buen rato desconcertados, sin saber por dónde agarrar un fenómeno que no habían previsto sus profetas. No podían admitir su verdadera naturaleza: era una herejía marxista, una variante de la herejía leninista. Una que, casualmente, ¿o tal vez no?, creó un señor que venía del socialismo: Mussolini. Luego se daría el caso, reseñado por Stanley Payne, de que en Europa oriental, militantes y cuadros medios de los partidos fascistas pasaran a las filas comunistas sin grandes traumas, ni por una parte ni por la otra. Parece que Hitler ya apreciaba ese tipo de trasvase, aunque a la inversa.
 
Pero eso es historia y nada de ello, y más que hay, debía estar en la mente de la escritora cuando dijo lo que dijo. Y puede que tampoco tuviera en la cabeza que no hace mucho, ella misma flagelaba a Europa por el ascenso de la extrema derecha, jactándose con la superioridad insuperable de cierta izquierda americana, de que en su patria no hubiera habido nunca un movimiento fascista. Pero desde que se marchó su querido Clinton, todo ha cambiado y de qué manera. Bush y una clase obrera "conservadora", esa que, para disgusto de intelectuales a la gauche, ya tiene mucho más que perder que sus cadenas, están a punto de dejarla sin motivo de orgullo. Si ganan. Pues si es Kerry el que triunfa, el peligro se habrá conjurado. Milagrosamente, cabría añadir si se tratara de fascismo en realidad.
 
Lo que no es tan fácil que se conjure es la mutación que ha sufrido la izquierda del 11-S acá. Hay temas del orfeón estalinista que han vuelto al hit parade, como el de "fascista el que me contradiga". Y ello a la vez que el grueso de la tropa ha preferido mandar a paseo la defensa de la democracia y la libertad, que no debían de suscitarle gran pasión, antes que apoyar la lucha contra el mayor enemigo de ambas que tenemos enfrente: el islamismo. Ahí está el peligro fascista. Pero gente como Probst Salomon no se entera; sólo tiene ojos para su enemigo favorito. Y a algunos, su anclaje en el pensamiento totalitario, los lleva a alinearse con quienes impondrían teocracias tan progresistas como la de los talibanes. Es comprensible que la izquierda inmovilista tenga que recurrir a conjuros de efecto amedrentador. Está en un atolladero.

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