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Cristina Losada

Fiero aquí, modoso allí

Las arengas anticapitalistas y antiliberales, las bravatas contra los neocon (que de economía poco o nada han dicho) y los sermones sobre la superioridad de la izquierda, los reservan los socialistas en exclusiva para España.

Cristina Losada
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Respiren tranquilos los neocon, dejen de temblar los neoliberales, no se altere la señora Thatcher y siga descansando en paz Ronald Reagan. Todos se han librado del público escarnio y el castigo ejemplar en la cumbre de Washington. El temido látigo de Zapatero no los rozó siquiera. Se había prometido que abriría allí el juicio de Nüremberg contra el libre mercado. Se había alardeado de que sentaría en el banquillo a más de una doctrina por hundir la economía. Pero el presidente se ha comportado como el bravucón del poema cervantino: caló el chapeo, requirió la espada, miró al soslayo, fuese, y no hubo nada.

Los tambores de guerra que el socialismo hizo sonar aquí antes de la cumbre se transformaron en melifluas melodías una vez cruzado el charco. La sonata del fin del capitalismo se convirtió en zarzuela de tópicos inanes. Y la vindicación de la socialdemocracia, recién descubierta por el zapaterismo, se disolvió mansamente en buenos deseos navideños. Cierto que la suavidad jabonosa de la pieza no la eximió de notas falsas, pero no otra cosa se puede esperar de tal intérprete.

Suerte han tenido los del G-20. Zapatero no les endilgó una diatriba ideológica del tenor de las que fabrican Chávez y Castro. Las arengas anticapitalistas y antiliberales, las bravatas contra los neocon (que de economía poco o nada han dicho) y los sermones sobre la superioridad de la izquierda, los reservan los socialistas en exclusiva para España. Ante los líderes del mundo y los focos de la prensa internacional, el presidente no se atrevió a decir lo que aquí vociferan a diario sus escuderos, sus ministros y él mismo. El fiero león se volvió modoso Bambi.

Según el público, así el discurso. Las soflamas que están fuera de lugar en una cumbre mundial encuentran en España oídos y cerebros que las acogen con gusto. En otras palabras, lo que no cuela allí, cuela aquí. Y ello retrata la percepción que el Gobierno socialista tiene de sus seguidores y votantes. Mientras en Washington habla para adultos, en Madrid difunde la versión infantil: esa historieta de buenos (socialistas) y malos (neocon) que los niños de todas las edades pueden comprender sin esfuerzo y aplaudir con entusiasmo.

Tertuliana de Es la Noche de Dieter.

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