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Cristina Losada

Galescola de robots

Desde la familia hasta la religión, desde la farmacia hasta el turismo, pasando por el deporte y el ocio, todo lo toca el dedo de la diosa de la "lengua propia". Menos libertad incluye cualquier cosa.

Cristina Losada
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Hace tiempo que no leo ciencia-ficción, pero no la echo de menos. A diario nos suministran una ración desde la estratosfera gobernante. También en Galicia. Mientras los investigadores se quejan de que aquí no hay quien viva de la ciencia, hacemos progresos en la tecnología al servicio de la política-ficción. Si en Cataluña son pioneros en la inmersión lingüística de los mandriles del zoo, los gallegos avanzamos por la robótica. Un Asimov del terruño ha programado un robot con forma de perro para que conteste en gallego a la voz de su amo. Así, en el Día Internacional de Internet, Touriño pudo recibir del can, bautizado como Axóuxere, un saludo en la lengua normativa entre las vetustas piedras del Obradoiro. El robot es de factura japonesa, y se ha dejado de fabricar por su elevado precio, pero ha encontrado una caseta gallega al abrigo de la construcción nacional en curso.

El bipartito no se contenta con chanzas simbólicas. Los nacionalistas ya han tomado carrerilla para que los centros de enseñanza terminen de convertirse en factorías de adoctrinados en las leyes de la robótica ideológica. Noventa y nueve guarderías públicas, con unas 5.500 plazas, van a aparecer en el mapa bajo el nombre de "galescolas". Realizarán el anhelo de todo nacionalismo que se precie: sumergir a los niños más pequeños en la lengua que los padres de la patria han dictaminado que es la única "propia" y hurtarles el conocimiento de la otra, el español, que presentan como impropia y opresora, la que viene con el cuchillo en la bocaza a aniquilar las esencias del irredento pobo. Dicen que lo harán en zonas gallegohablantes, pero lo único seguro es que no habrá una oferta monolingüe en español para las áreas donde ése es el idioma habitual. Al contrario, se proponen incrementar los contenidos en gallego en todos los centros y niveles.

El interés del BNG por la ingeniería sociolingüística es perfectamente explicable, y tan alto, además, que las "galescolas" incrementarán en un 65 por ciento las plazas de guarderías del sector público. El seguidismo de los dirigentes socialistas podrá chocarles a sus votantes, pero Touriño agacha la cerviz. Tienen miga sus justificaciones: el gobierno "no va a tolerar discriminaciones por razones lingüísticas". ¿Y a quiénes afectan hoy ésas, sino a los ciudadanos de Galicia que hablan español y ven su opción lingüística ignorada, despreciada o vilipendiada por los políticos y las administraciones? El PP critica las guarderías de papá Quintana, pero lo cierto es que fue bajo su mandato y con su entusiasta aprobación que se dio el plácet a un Plan de Normalización Lingüística cuya dimensión –más de mil medidas– e intervencionismo, lo hacen digno de un régimen totalitario. Desde la familia hasta la religión, desde la farmacia hasta el turismo, pasando por el deporte y el ocio, todo lo toca el dedo de la diosa de la "lengua propia". Menos libertad incluye cualquier cosa. Las "galescolas" han caído de ese árbol como fruto primerizo y vistoso.

Entretanto se ha celebrado el Día das Letras Galegas, como todos los 17 de mayo desde 1963. Sí, pues se instituyó entonces, en pleno franquismo, por decisión de la Real Academia Galega, que también existía, oh, sorpresa, bajo el feroz centralismo de la dictadura. Y la noticia no es a qué escritor se homenajea, sino a cuáles se margina. Porque son los más excelsos literatos gallegos, además de grandes escritores en lengua española, los relegados. Por escribir en español no les rendirán jamás honores las instituciones galaicas. Rebuscan en los sótanos, sacan de las tinieblas a desconocidos, antes que reconocer el esplendor de una Pardo-Bazán, de un Valle-Inclán, un Cela, un Fernández Flórez, un Camba, un Torrente Ballester, un Valente. Imbuidos de una concepción estrecha, acomplejada y reaccionaria de la cultura gallega y de Galicia, repudian a los mejores hombres y mujeres de letras que ha dado la tierra. Ah, y que se pongan las pilas con la cuota: entre los cuarenta y cuatro escritores festejados hasta hoy, figuran sólo dos mujeres.

Tertuliana de Es la Noche de Dieter.

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