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No conocen intereses de Estado, sino de partido. Que España pierda fiabilidad como aliado será un problema sólo si perjudica su imagen dentro. Ahora puede ocurrir, de ahí las rectificaciones, aún contradictorias.

Cristina Losada
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El socialismo gobernante debía de dominar el lenguaje de las retiradas. A estas alturas, ya atesora experiencia en esas lides. Pero la salida del contingente español de Kosovo fue anunciada por la titular de Defensa con las frases tópicas de un guión de serie B. Parodió ese momento en que el general anuncia: "Misión cumplida. Volvemos a casa" y la tropa estalla en hurras. Sólo que ni ella es generala aunque se vista de camuflaje, ni se avisó a los aliados, ni la misión está cumplida, ni la tropa celebró. Ahora, el guión revisado nos sitúa en un campamento de boy scouts a los que la maternal supervisora imparte antes que a nadie, para no herir sus sentimientos, que se adelanta el fin de las vacaciones. Es el estilo Zapatero de cabo a rabo.

Están acostumbrados a saltarse normas y procedimientos en casa. Desde la Constitución hasta la separación de poderes. No hay regla de la democracia liberal que no puedan quebrantar si se interpone en su camino. Han incumplido pactos y compromisos y han engañado a sus socios. Tal historial en política interior no les ha pasado factura. Las contrariedades en el exterior las achacaban a la inquina de Bush y santas pascuas. De manera que se mueven por ahí fuera con esas pautas de conducta suyas, impropias de gente civilizada. En el mundo democrático siguen vigentes viejos códigos construidos en torno a virtudes como la responsabilidad, la lealtad e incluso la decencia. Blanco diría que ese mundo es rancio y anticuado. Y no digamos la OTAN, que nació de la Guerra Fría, y que el socialismo español tragó a regañadientes.

No conocen intereses de Estado, sino de partido. Que España pierda fiabilidad como aliado será un problema sólo si perjudica su imagen dentro. Ahora puede ocurrir, de ahí las rectificaciones, aún contradictorias. Desconcertado por las elecciones del 1-M, el PSOE apostaba por la escena internacional para reflotar a un Zapatero hundido. Un saludo de san Obama y salvaba la temporada. Pero cuando la política exterior no es más que un apéndice de la interior, un recurso para subir la popularidad o distraer la atención, en lugar de un instrumento para defender el interés nacional, se pierde el norte. Máxime si tal interés es concepto discutido y discutible. 

En busca de explicaciones de la espantada, se le vuelve a dar pábulo a la idea de que Chacón, como Zapatero, es pacifista. Desde la II Guerra Mundial, el pacifismo es una mercancía averiada, usada para desarmar a las sociedades abiertas frente a sus enemigos. Pero aún retiene cierta nobleza el término, por lo que no se debe emplear para vestir designios innobles. Los que en tiempos pasados y recientes gritaban "yankis go home", no eran pacifistas. Tampoco lo son estos gobernantes que ahora mandan a unas tropas a casa sin previo aviso ni concertación con nuestros aliados. Utilizan al ejército como una pieza de quita y pon en el improvisado tablero de su política.

Tertuliana de Es la Noche de Dieter.

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