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Cristina Losada

Hombre malo, mujer buena

La respuesta políticamente correcta: todo hombre es un maltratador en potencia; una bestia dormida; no precisa de excitantes ni colorantes; en cualquier momento, muta en agresor.

Cristina Losada
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Decía Picasso sobre su actividad artística, que él no buscaba sino que encontraba. Lo mismo puede afirmarse de algunas encuestas. Encuentran justo lo que buscan: las preguntas determinan las respuestas. Es el caso de un sondeo online realizado por el Ministerio de la señora Aído sobre la percepción social de la "violencia de género". Más del 90 por ciento de los participantes consideraban totalmente inaceptables las conductas violentas, pero resulta que, según sus presentadores, el estudio arroja una porción inquietante de malolientes percepciones "machistas".

La perversión más destacada figuraba en los papeles como que tres de cada diez españoles culpan a la mujer agredida de los malos tratos que padece. Pensaría el lector de titulares que un tercio de sus conciudadanos comete la aberración de echar la culpa sobre la víctima. Paso en falso. Era una manipulación flagrante de las respuestas a una pregunta trampa, colocada como una mina para alimentar la impresión divulgada. Y si no, venía al pelo. Cuanto más "machismo" se detecte, más se justifica la existencia del Ministerio y la miríada de tinglados que conforman la burocracia de la "violencia de género".

De la manipulación a la estupefacción. La que nos embarga al saber que, según las luminarias de Aído, también pecan de "machistas" quienes opinan que el maltratador actúa inducido por las drogas o el alcohol. Aunque el asombro no dura más de lo que se tarda en encontrar la respuesta políticamente correcta: todo hombre es un maltratador en potencia; una bestia dormida; no precisa de excitantes ni colorantes; en cualquier momento, muta en agresor. De ahí la necesidad de una reeducación constante. Y de unos reeducadores, nuestros ungidos, cuya labor no se ha visto coronada por el éxito precisamente. Su Ley contra la Violencia de Género y sus actuaciones acompañantes son un fracaso sin paliativos.

No podía ser de otra manera. La reducción de la violencia en la pareja a un fenómeno unidireccional, la asignación al hombre del rol de maltratador congénito, la victimización de la mujer, el escenario de guerra de sexos que han instalado y, en suma, la simplificación de un asunto complejo para cuadrarlo en el lecho de Procusto de la ideología de género, tenían que desembocar en el cenagal del fiasco. Pero antes de revisar los dogmas, prefieren alterar la realidad. Como en la interpretación de ese sondeo, que encuentra lo buscado: el mal sigue ahí, larvado y al acecho, y el Ministerio aún ha de hacer mucho para erradicarlo. Mientras persista en sus presupuestos ideológicos –y no otra cosa hará– tiene para rato.

Tertuliana de Es la Noche de Dieter.

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