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Cristina Losada

Ideas, dos, logos, cero

De cultivar tanto la pose, solo juzgan por la pose. La crítica de las posiciones políticas se sustituye por la ridiculización de los gestos

Cristina Losada
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Aunque lo diga The Wall Street Journal. Si uno clava la pupila en el gobierno de ZP y pregunta si es lo suyo ideología, la respuesta será afirmativa si se adjetiva: una vaga ideología. Vaga por imprecisa y vaga por su génesis: la pereza intelectual por la que la izquierda se desliza, un aceite que le facilita la supervivencia y la instalación en el poder, pero le ahoga las entendederas. El gobierno socialista, mientras patina, va haciendo figuras, gestos, poses. Lo suyo no son posiciones sino posturas.
 
Las poses de la izquierda española no se benefician del plus de la originalidad. Imitan a sus mayores norteamericanos, que patentaron las posturas. Algunas son restauraciones de ideas antiguas, como la de subsumir a los individuos en identidades colectivas. En tiempos de la ideología pura y dura, eso se practicaba aplicando la doctrina de la lucha de clases. Ahora disponen de una nebulosa de grupos oprimidos en razón de raza, sexo, orientación sexual, religión, lengua o lo que toque. Uno no es uno, sino su raza, su sexo o su orientación sexual y su comportamiento debe responder al estereotipo prefijado.
 
Si aparece una mujer negra que no forma en las filas de la izquierda, sino de la derecha, como Condoleezza Rice, y llega a ocupar la secretaría de Estado de EEUU, se les desbaratan los esquemas a los patinadores. Y la típica y tópica celebración, a la que son tan aficionados, por tratarse de la primera mujer negra en ese cargo, deja paso a la ofensa. En la primera cadena de TVE hubo quien insinuó que la doctora Rice no es una mujer, sin que la dirigente socialista allí presente, objetara. Claro que ya ese gran aliado del gobierno, que es Hugo Chávez, le había llamado "analfabeta". A Rice, aclaro.
 
Los "progresistas" de los Estados Unidos no tragan a Rice ni a la hija de Cheney, más conocida por su homosexualidad que por otra cosa, debido a su filiación conservadora, intolerable desviación que le ha ganado el odio de la "elite gay". La izquierda no admite revolución en sus estereotipos. Ni otra identidad que la grupal, de grupos de cuya representación se apropia y a los que ofrece discriminación positiva, o sea, discriminación. Una pose rentable para los que montan lobbies deseosos de ordeñar la vaca que alimentan los contribuyentes.
 
De cultivar tanto la pose, solo juzgan por la pose. La crítica de las posiciones políticas se sustituye por la ridiculización de los gestos. No es por ello extraño que a la comparecencia de Aznar en la Comisión del 11-M se le hayan dedicado artículos cuyos principales argumentos giran en torno al ceño, las gafas, el pelo, la mirada, las muecas y el humor, sempiternamente malo, del ex presidente. La España triste del PP frente a la alegre de ZP. Si tales frivolidades provienen de quienes se tienen a sí mismos por intelectuales, ¿qué puede esperarse del gobierno Vogue? ¿Ideología? Ideas, dos o tres, logos, cero.

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