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Cristina Losada

La amputación indolora

Son los nacionalistas los que han creado el conflicto y han falseado la cuestión. Pero no son ellos los únicos tripulantes de ese barco que empujan corrientes irracionales. El PSOE y el PP hacen de grumetes, de cocineros e incluso de remeros.

Cristina Losada
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El establishment gallego discrepa en ciertas cosas, pero mantiene un sólido consenso en torno a una: no permitir que los ciudadanos elijan libremente el idioma que prefieren de los dos cooficiales. La mano conminatoria aún no penetra en los hogares ni desciende multa en ristre al comercio y a la industria. Ahí ejerce, de momento, la presión y la persuasión, hermanas de la disuasión, y madres de la represión. La labor se hace chequera en mano. Los gobiernos autonómicos no han ahorrado al contribuyente campañas ni subvenciones. Si usted ha de imprimir unos folletos, le saldrán a muy buen precio, casi gratis, si se pliega tácitamente al principio de que el castellano es lengua extraña y opresora y merece la expulsión. Si la administración aporta fondos a un evento, será bajo idénticas condiciones. Si un escritor gallego utiliza el idioma maldito, no existirá como escritor gallego, como no existía, por ejemplo, la finalista del último premio Planeta.

La lengua "impropia" desapareció hace tiempo del ámbito público. En la enseñanza, acosan y achican sus reductos. Unos profesores de Lengua Castellana de Ferrol acaban de ser expedientados por elaborar el programa de su asignatura en... español. La hazaña es obra de un socialista, no de un nacionalista. La distinción pronto carecerá de sentido. Las diferencias entre ambos, y el tercero en discordia, el PP, son en este asunto de matiz. Los colegios han recibido la inspección y algunos la sanción, para que cumplan leyes unánimemente aprobadas. En la sanidad pública se proscribió hace un año la escritura en el idioma estigmatizado. En resumen, la desconfianza del poder político y sus satélites y parásitos académicos, mediáticos y sociales hacia la libre decisión de los individuos entre las dos lenguas teóricamente oficiales es absoluta. No creen en la capacidad de supervivencia del gallego, y eso que siguió hablándose durante la dictadura que lo marginó. En realidad, no creen en su supervivencia como Poder, o sea, en la acumulación de poder, si renuncian a instrumentalizar el idioma y a transformar a una sociedad bilingüe y plural en una monolingüe y homogeneizada por la adoración o, al menos, la sumisión, al becerro de Breogán.

Una mutación así no puede hacerse sin atropellos. Pero ninguna de las imposiciones que hincan en el cuerpo social la reconocen como tal. ¡Quia! El prolongado consenso sobre la bondad de aplicar la discriminación positiva hacia el gallego y la discriminación sin adjetivos hacia el español, ha difuminado el auténtico paisaje de eso que los nacionalistas, aficionados al vocabulario bélico, denominan "la batalla por la lengua". No es coña. Van a crear unas brigadas de "voluntarios lingüísticos", un ejército más de la "normalización", para actuar entre sus presas favoritas: los niños. Y como a todos los imbuidos de pulsiones totalitarias, el adoctrinamiento, la presión y el castigo, les parecen de lo más normal. O sea, quieren erradicar uno de los idiomas que se hablan en Galicia, y aun se jactan de que la amputación es indolora y hasta deseada.

Un diputado del BNG, al despotricar contra el triunfo de Ciudadanos en Cataluña, ha podido así decir que ese partido nace "para crear un conflicto donde no lo hay" y poner el acento "en una cuestión falsa como es la lengua". Ni que se mirara al espejo. Son los nacionalistas los que han creado el conflicto y han falseado la cuestión. Pero no son ellos los únicos tripulantes de ese barco que empujan corrientes irracionales. El PSOE y el PP hacen de grumetes, de cocineros e incluso de remeros. Han dicho algunos del PP, para distanciarse de Ciudadanos, que la lengua no es la única ni la fundamental cuestión. Qué vista la suya. O qué escaqueo. No percibir que la cuestión del idioma es la clave del proyecto excluyente y segregador del nacionalismo identitario es como no haberse enterado de que en la Alemania nazi la piedra angular era lo que eufemísticamente llamaban la cuestión judía. Pues no quieren enterarse.

Tertuliana de Es la Noche de Dieter.

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