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Cristina Losada

La involución: el caso Ulayar

El señor Zabaleta, el mismo que habían elegido como socio de gobierno el PSN y el PSOE hasta que dieron marcha atrás, tiene colocado en su bufete al asesino de su padre, un tal Vicente Nazábal que jamás se ha retractado de ese asesinato

Cristina Losada
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Salvador Ulayar, hijo de Jesús Ulayar, asesinado por ETA en 1979 en Echarri-Aranaz, lleva unos meses insistiendo en un dato muy revelador sobre Patxi Zabaleta, jefe de la coalición nacionalista con la que negociaban los socialistas para componer un gobierno en Navarra. Seguramente es por lo revelador que resulta que no ha encontrado ese dato el eco que merece. Lo contaba aquí Isabel Durán a principios de junio. Lo ha dicho Ulayar en otros pocos medios que le han querido oír. La última vez fue este martes en La Mañana de la COPE. El señor Zabaleta, el mismo que habían elegido como socio de gobierno el PSN y el PSOE hasta que dieron marcha atrás, tiene colocado en su bufete al asesino de su padre, un tal Vicente Nazábal que jamás se ha retractado de ese asesinato ni de su pertenencia a la banda terrorista.

Es éste Nazábal un abogado de esa promoción carcelaria etarra que ha criado con mimo la Universidad del País Vasco. Lo primero que hizo al salir en libertad fue asestarle una patada en el pecho a José Ignacio Ulayar, otro hijo del hombre que había asesinado, quien al topárselo por la calle le había tratado de sinvergüenza. Se ve que la patada tiene una larga tradición entre los nacionalistas, sean moderados o extremistas, vascos o partidarios de la anexión. Pero lo interesante del caso es que estos datos que están en las hemerotecas, recibieran escasísima atención mientras duraba el flirteo entre el PSN y Nafarroa Bai. Los socialistas y otros partidarios de la causa (nacionalista) pudieron presentar a Zabaleta, sin obtener gran réplica, como figura ejemplar del que abandona el entorno terrorista para ceñirse a las veredas de la democracia. Esto es, el sueño, vuelto pesadilla, que Zapatero acariciaba para y por ETA. Ya es significativo que el nuevo modelo sea alguien que dejó Herri Batasuna en fecha tan tardía como finales de los noventa, y sin retractarse de nada. Nuevo modelo digo, porque había otros anteriores y mucho más ajustados. Pero no extraña que los socialistas de hoy olviden, pongamos, a un Mario Onaindía, quien además entró en su partido. Aquel se pronunciaba por la derrota de ETA, defendía la Constitución y denunciaba al nacionalismo. No es un buen ejemplo, dado lo que se traen los de ZP entre manos.

El documental Trece entre mil, de Iñaki Arteta, se abre y se cierra con el caso Ulayar, que también es el caso Echarri-Aranaz. Reflejaba así la evolución lenta y trabajosa que había tenido lugar, paralelamente a la que se daba en la lucha antiterrorista, en la actitud social hacia la ETA. En el lugar donde asesinaron al ex alcalde se habían colocado cubos de basura y hecho pintadas celebrando el crimen. Cuatro lugareños lo perpetraron y fueron declarados hijos predilectos del pueblo, más otros honores y agasajos. Muchos años después, la familia Ulayar, largo tiempo maltratada por no pocos de sus convecinos, recibía allí mismo un desagravio. Dos mil personas la acompañaban, adecentaban el lugar y acudían al cementerio en un día lluvioso. Se atrevieron a ir, incluso, algunos habitantes de la localidad. Con esa nota de melancólico optimismo acababa el documental de Arteta. Era el momento en que la ETA y su entorno estaban contra las cuerdas. Los olvidados eran recordados. Los insultados, consolados. Las víctimas, moralmente resarcidas. Y los asesinos, sus cómplices y sus miserables comparsas, eran lo que eran: asesinos, cómplices, comparsas.

El homenaje a los Ulayar se celebraba el 24 de enero de 2004. Poco después, casi de un día para otro, aquella evolución se truncaba. La decisión de Zapatero de negociar con la ETA generaba una rápida involución. No solamente en la lucha antiterrorista, sino, especialmente, en la actitud de una parte de la sociedad hacia la ETA y hacia sus víctimas. Como si aquel giro profundo hubiera hecho aflorar pestilencias que permanecían en las cloacas hasta entonces. La misma prensa que hace tres años y unos meses recogía el acto de desagravio a los Ulayar, repasaba los detalles oprobiosos y daba voz a los hijos del asesinado, hoy los silencia o reduce a los márgenes. Como antaño, en los ochenta. Peor.

Tertuliana de Es la Noche de Dieter.

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