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Cristina Losada

La izquierda como escudo

Basta proclamarse "de izquierdas" para que todo se lo perdonen y todo les sea perdonado. Si es que alguno de sus actos merece, a sus ojos y los de sus seguidores, considerarse una falta.

Cristina Losada
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La reincidencia de Rodríguez Zapatero es perfectamente explicable. Natural. Su escapada a Berlín a cuenta del erario, para ver a su mujer en el coro de un director de orquesta que se embolsa subvenciones que se niegan a otros proyectos musicales, y al poco de una excursión similar a Londres, corrobora una evidencia: los dirigentes socialistas se sienten, como antaño, protegidos por un manto de inmunidad. Y no sólo, que también, porque saben que gran parte de los medios silencia por complicidad, simpatía o cobardía, ese tipo de irregularidades. ¡Es que son de izquierdas! Y sean o no de izquierdas, cuestión discutida, proclamarse como tal concede carta blanca, luz verde y pasaporte para franquear cualquier frontera política y ética. Ningún aduanero quisquilloso ha de pedirles cuentas. No sentirán tampoco el picor de la conciencia. Ese gusanillo incómodo hace mutis en cuanto uno se afilia al bando correcto.

Las costosas reformas emprendidas por los Rodríguez en sus residencias, los buceos protegidos de la señora cuando escaseaban las patrulleras para la oleada de cayucos, los gastos de vacaciones a cuenta del erario –caso único en Europa–, las anulaciones de viajes oficiales por fatiga existencial, no han hecho ni harán mella alguna entre quienes constituyen su guardia de corps en la sociedad. Los caprichos de los gobernantes "de izquierdas" son sagrados. Ya pueden, como en Galicia o Cataluña, encargar coches oficiales del modelo más caro y pijo, con tapicería y gadgets exclusivos. Ya pueden las ministras redecorar sus despachos con la chequera del contribuyente, posar en plan fashion en Vogue o en plan afro en Mozambique. Ya pueden los altos cargos viajar como rajás a cuenta de ese dinero que no es de nadie, según sentencia de la Calvo. Y pueden. Pues no han de escandalizarle tales fruslerías a quien no irrita, por ejemplo, que Fidel Castro haya amasado una fortuna y que los mimados de la dictadura vivan a todo tren mientras la mayoría de los cubanos se ahoga en la miseria. ¿No acaba de tener uno de ellos, Silvio Rodríguez, un gesto de solidaridad con las victimas del Gran Terror Incendiario gallego, dando un concierto gratuito en Pontevedra? Eso y no otra cosa es lo que se espera de ellos.

Las elites "progresistas" del mundo están pobladas de amantes del lujo, de acumuladores de riqueza y de corruptos. Y de ella nacen productos humanos como los que ocupan hoy el poder en España. Todo cuanto condenan en público, lo practican en privado. Pero les resbala que los acusen de incoherencia. Están blindados. Disponen de la fórmula mágica. Han hecho suyo el más eficaz lavaconciencias y limpiaimágenes que se haya inventado nunca. Componen una nueva aristocracia cuyos privilegios se adquieren sin esfuerzo. Basta proclamarse "de izquierdas" para que todo se lo perdonen y todo les sea perdonado. Si es que alguno de sus actos merece, a sus ojos y los de sus seguidores, considerarse una falta.

Los no iniciados no lo entienden. Juzgan los hechos sin aplicarles el prisma ideológico. Pero en el laberinto mental de los creyentes, de quienes se nutren de la magia de la palabra que resguarda a la casta superior, todas las paradojas se resuelven. Es simple: la izquierda representa a las fuerzas del Bien y todas las que se opongan a ella, a las del Mal. De ese primer artículo de fe, deriva todo lo demás. Desde los tiempos del comunismo soviético hasta ahora, cualquier creyente sabe que criticar a los buenos beneficia a los malos, y que la verdad ha de subordinarse a esa conveniencia. ¡Cómo no va ZP a hacer gala de izquierdismo! No podría encontrar mejor escudo.

Tertuliana de Es la Noche de Dieter.

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