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Cristina Losada

La izquierda descubre la soberanía nacional… de Grecia

Una izquierda española, la que viene al galope, ha descubierto la soberanía nacional, y lo ha hecho, esto es para nota, sin haber descubierto la nación.

Cristina Losada
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Una izquierda española, la que viene al galope, ha descubierto la soberanía nacional, y lo ha hecho, esto es para nota, sin haber descubierto la nación.

Los pobres peces llevan la fama de no tener memoria, pero al lado de los seres humanos de esta cacareada sociedad de la información son auténticos campeones del recuerdo. Fíjese uno, por ejemplo, en el arrobamiento de cierta izquierda española ante las bravatas nacionalistas del gobierno de izquierdas griego. Las constantes apelaciones de Tspiras a la soberanía nacional son recibidas ahí como el súmmum de la razón y la democracia. Pues claro, si el pueblo griego ha hablado, y ha hablado contra la austeridad y demás imposiciones foráneas, cómo no va Europa a inclinarse rauda y aceptar de inmediato, sin más zarandajas, el mandato expresado en las urnas de Grecia. ¡Es la soberanía nacional!

Así habla el populismo de izquierdas, como habla el populismo de derechas. De ahí que no tuviera Tsipras ningún inconveniente, sino todo lo contrario, en aliarse con un partido de derechas ultranacionalista. Lo curioso del caso, y asunto de la desmemoria, es que hubo alguien en España que también apeló a la soberanía nacional para plantarse frente a Bruselas. No hace un lustro siquiera. Fue en 2012, y quien lo hizo se llamaba y se llama Mariano Rajoy. En marzo de aquel año, el presidente anunció de viva voz, sin previo aviso a los socios europeos, que España se marcaba un objetivo de déficit distinto y superior al que había acordado el gobierno anterior. Era, dijo, una "decisión soberana que ha tomado España y que comunicará a la Comisión Europea en abril". Ay, la que se armó.

Buena parte de la prensa nacional cargó contra el atrevimiento, haciendo notar que era un feo desaire a Europa. Joaquín Almunia, entonces comisario europeo, lo calificó de desafío, y el influyente The Economist le dedicó una fustigadora pieza titulada "A two-finger salute to Brussels", que podríamos traducir libre y suavemente como "Una peineta a Bruselas". Durante los meses siguientes se acumularon las críticas a la falta de pericia negociadora del Gobierno en Europa, se le reprocharon actitudes poco menos que pendencieras y provincianas, y Rajoy paseó por la prensa extranjera y la doméstica como un hidalgo trasnochado que se negaba a pedir el rescate total por un absurdo y tradicional orgullo patrio que llevaría España a la ruina.

Hay, sin duda, más de una diferencia entre aquella apelación a la soberanía de Rajoy y las que ahora hace Tsipras. Pero la más notable es que la primera cosechó un abucheo generalizado y las segundas, una comprensión enorme. Igual no es lo mismo mentar la soberanía llevando corbata que hacerlo sin ella. Seguro que no es lo mismo que la mencione un serio señor de derechas que un simpático agitador de izquierdas. Sea como fuere, estoy expectante. Una izquierda española, la que viene al galope, ha descubierto la soberanía nacional, y lo ha hecho, esto es para nota, sin haber descubierto la nación. Bueno, la griega ciertamente sí, pero la española, ¡uf!

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