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Cristina Losada

La Madre Tierra habla con Pelosi

Estamos ante el símbolo y el síntoma de una época en la que se está procediendo a un cambio de religión secular.

Estamos ante el símbolo y el síntoma de una época en la que se está procediendo a un cambio de religión secular.
Nancy Pelosi, en una imagen reciente. | EFE

"¿Cómo pueden votar contra Dios? Dios se enfada de vez en cuando y esta ley nos ayudará a calmarlo". Supongamos que un dirigente político hubiera dicho tal cosa. No un dirigente político de una teocracia, donde posiblemente sería una declaración rutinaria –ahí tenemos a Irán como ejemplo de lo que sucede en las teocracias islámicas–, sino de una democracia. Y no de una democracia del montón, sino de una de las potencias democráticas del mundo. ¿Qué se hubiera pensado y dicho de una declaración como la que encabeza el párrafo?

No es difícil de imaginar qué se hubiera dicho, y qué hubieran dicho los laicistas de oficio. Pero lo interesante es que no estallaría ningún escándalo si en el lugar de Dios, exactamente en su sitio, ponemos a la Madre Tierra. Esa deidad está admitida. Plenamente. Por eso, una política como la presidenta de la Cámara de Representantes de los Estados Unidos, Nancy Pelosi, puede decir: "¿Cómo pueden votar contra la Madre Tierra? La Madre Tierra se enfada de vez en cuando y esta ley nos ayudará a afrontar todo eso".

Pelosi puede decir eso tranquilamente, sin que nadie se lleve las manos a la cabeza, por ejemplo, en señal de luto por la racionalidad. Y si se habla del cambio climático, como era el caso, la deidad Madre Tierra no sólo está admitida: ha de ser venerada. Y escuchada. Y hay que hacerle sacrificios y ofrendas para calmar su enojo. Como se ha hecho ancestralmente ante la divinidad.

La apelación a la Madre Tierra no es un error ni un desliz. Ni de Pelosi ni de los que apelan a la misma deidad, aunque la llamen de distintas formas, que eso siempre ha pasado con los nombres divinos. No estamos ante deslices, errores o figuras literarias. Estamos ante el símbolo y el síntoma de una época en la que se está procediendo a un cambio de religión secular. Finiquitadas o en franca decadencia las grandes ideologías políticas que funcionaron como sustitutos de la religión en el siglo XX, su reemplazo más acabado lo encontramos hoy en el entramado ideológico que se ha tejido en torno al cambio climático.

Tiene buenos componentes para serlo. Desde el pecado original, cometido naturalmente por los seres humanos, hasta la profecía del apocalipsis que sobrevendrá si no dejamos de pecar contra la Madre Tierra, todo desprende el inconfundible tufo de un sucedáneo de religión. Y no un sucedáneo descafeinado, sino erizado de dogmas y propulsado por fanáticos. Como se reclama científico, al igual que otro viejo sucedáneo, tiene que ser la religión (sustitutoria) verdadera. Pero el aparato científico no es lo que llega a la gente, como saben Pelosi y cualquier político bregado. A la gente se llega haciendo pasar al planeta por una madre que se está enojando por lo mal que nos portamos. Eso es lo que llega y lo que prende. Y dicen que estamos en el siglo XXI.

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