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Cristina Losada

La paz y otros lemas orwellianos

Pues la nación, aparte de un concepto discutido y discutible, es un lugar donde a veces gana las elecciones la derecha. Y en impedir ese tipo de retroceso histórico para el PSOE ha decidido empeñar Zetapé todo su esfuerzo

Cristina Losada
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Llega la hora del gran engaño y para ver sus entretelas hay que volver a 1984. A la novela de Orwell, aunque tampoco está de más regresar a 1982 e incluso antes, cuando, tal como contaba Redondo Terreros en ABC, se aceptó la noción de que la ETA era imbatible y que habría que negociar con ella. Una idea inseparable del plus de legitimidad concedido a los nacionalismos, que condenan el terrorismo, pero se proponen explotar su coincidencia con los objetivos de la banda: la secesión –primero de facto, luego ya se verá– que les asegure el control absoluto de sus feudos.
 
Con Rodríguez en La Moncloa se ha dado un salto cualitativo en ese proceso. Ahora, la cúpula socialista otea mayores ventajas en la zarabanda de la secesión fáctica que en el mantenimiento de la nación. Pues la nación, aparte de un concepto discutido y discutible, es un lugar donde a veces gana las elecciones la derecha. Y en impedir ese tipo de retroceso histórico para el PSOE ha decidido empeñar Zetapé todo su esfuerzo. Es por eso, porque ha llegado la hora de repartirse el bacalao entre socialistas y nacionalistas, que existe esa nueva oportunidad para negociar con la ETA. La mesa ya la han puesto. Las reformas estatutarias son el entremés.
 
Los escuderos de ZP recuerdan que la banda lleva dos años sin matar y van soltando mensajes contradictorios. Si no mata porque está débil, ¿por qué no reafirmarse en acabar con ella? Ah, pero quizá tiene una “cosa distinta” en la cabeza, dice Rubalcaba, meritorio empleado del Ministerio de la Verdad, el que fabrica noticias y espectáculos. Blanco, del mismo departamento, insiste en blanquear el pasado reciente de la banda. Y desde el Ministerio del Amor, donde según qué días mora el presidente, éste habla de paz. De lo que ya no habla es de la derrota de ETA. Sólo del “fin de ETA”. Un fin dialogado, un diálogo entre iguales.
 
Tras esos paños calientes, más el permiso para que la banda campe de nuevo en el parlamento y el preanuncio a las víctimas de que tendrán que hacer de tripas corazón, presentan una resolución al parlamento que dice que no se pagará precio político. Es la realidad cabeza abajo, como decía Marx que estaba en la dialéctica hegeliana. La misma perversión que en los eslóganes del partido en 1984: La guerra es la paz, la libertad es la esclavitud, la ignorancia es la fuerza. La ignorancia en que nos quieren sumir sembrando la confusión.
 
Pero el programa orwelliano no estaría completo sin los dos minutos diarios de odio, los que suministra Rodríguez cuando sale del Amor, pone la foto de la derecha y enciende la ira contra los malos que no quieren la paz. Que no son los de la ETA, claro. Se preparan muchas Semanas de Odio. Sí, es posible que la banda asesina tenga una cosa distinta en la cabeza desde el 11-M y otra distinta, y ventajosa para ella, desde el 14 de aquel mes.

Tertuliana de Es la Noche de Dieter.

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