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La política del lazareto y el PP

Para intentar zafarse de su condición de apestado, elude el PP todas las batallas culturales, pero lo único que de ese modo se asegura es que lo será cada vez más.

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El ministro de Sanidad et altrii avanzan estos días un último argumento de peso a favor de su ley del aborto. De peso es, desde luego, pues se trata de asunto cuantitativo. Y es que, según las estadísticas, con los gobiernos del PP se practicaron 500.000 abortos en España. No es la primera vez que el PSOE presenta al PP como aval de alguno de sus proyectos bajo el motto de que "si ellos lo hicieron, nosotros también". No dijo tal cosa don Bernat, pero por la indignación con que los socialistas de guardia sueltan el dato, parecería que fueron Aznar y sus ministros quienes llevaron a cabo aquellas "interrupciones voluntarias del embarazo".

La idea, como siempre, es señalar al PP como promotor en la sombra de la oposición a un proyecto socialista. No cree el PSOE en la sociedad civil. Y es natural. Que personas y grupos tengan capacidad para organizarse solos y sin tutela de partidos a fin de defender públicamente ciertas posiciones, escapa a su entendimiento, pues nunca ha dejado que tales iniciativas escaparan a su control. De esa pulsión fagocitadora viene que la emergente sociedad civil española, visible durante la Transición, desapareciera después de que el socialismo llegara al poder en el 82.

La denuncia de que el PP mueve los hilos de la protesta, acompañado de la iglesia católica, resulta especialmente malévola, pues los de Rajoy apenas han sabido articular su oposición a la ley pergeñada por Aído y sus expertos. Han criticado que las adolescentes puedan abortar sin conocimiento ni permiso de sus padres y poco más. Ante las propuestas del Gobierno Zapatero que afectan a la moral y a la cultura, el PP se encuentra inerme. Atenazado por el temor a ofrecer una imagen anticuada y casposa, se dedica a esquivarlas con la cantinela de que no hay demanda social. Una posición tanto más absurda cuando hay argumentos racionales y razonables para oponerse a este y otros experimentos del Gobierno. Eso sí, su renuncia no le impide acusar sotto voce de "pro-abortista" al partido de Rosa Díez. 

El socialismo gobernante se ha comportado como suele. No tiene ningún argumento que resista un análisis para defender esa ley, pero cuenta con un arma poderosa: el cubo de basura. Es el procedimiento de ensuciar bien al disidente (fundamentalistas, beligerantes, cruzada, fanática ofensiva, disparate, irracionalidad, dogmas, crueldad, estigmatizan, condenan, insultan, llaman asesinas a las mujeres*) para crear un apestado. Así, no sólo se desprestigia y anula al que piensa diferente. Se logra algo de mayor trascendencia: evitar que otros piensen como él. La política del lazareto es, ante todo, un instrumento de coacción social. Para intentar zafarse de su condición de apestado, elude el PP todas las batallas culturales, pero lo único que de ese modo se asegura es que lo será cada vez más.

* Términos extraídos de un artículo de Elena Arnedo, miembro del comité de expertos de Aído, publicado en El Mundo.

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