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Cristina Losada

La rehabilitación de ZP

Esta reescritura de la pequeña historia, esta nueva rebelión contra la realidad, no deja de ser un intento de salvar el orgullo, neutralizar la humillación y aparentar autoridad, sin dar el único paso que podría dignificarle: su marcha.

Cristina Losada
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No puede esperar Zapatero a que la historia le rehabilite y, en un futuro lejano, se le vindique tal como profetizó Bono en el aniversario de la Constitución último. Entonces, el tercer hombre de esta película trazó un paralelismo entre Adolfo Suárez y su jefe de filas para vaticinarle a éste el mismo destino: el del presidente injustamente atacado por todos, que recupera el lugar de honor merecido pasados los años. Aquello sonaba a epitafio y lo fue. Se había escrito en público el borrador de una lápida cuyo remate sólo estaba pendiente de algunas minucias. Consuélate, José Luis, que algún día te dedicaremos los más sentidos y ardientes panegíricos, elegías y apologías, pero tu baraka se acabó. Tal era el mensaje que se leía entre líneas. Pero Zapatero no quiere que otros le escriban su final.

Así, tras el golpe palaciego que ha terminado con su sueño de reinar después de muerto, sus –todavía– fieles han hecho circular que lo ocurrido obedece punto por punto a su voluntad. Y es que de acuerdo con la versión made in Moncloa, y publicada por El Mundo, en fecha tan temprana como octubre tenía decidido Zapatero que Rubalcaba fuese el candidato. De manera que el dedo ya había elegido al favorito y el dueño y señor de los tiempos sólo aguardaba el instante oportuno para la revelación. De modo que todo estaba atado y bien atado. Ni putsch interno ni luchas intestinas. La sucesión se había pensado y controlado hasta el detalle y, además, qué maravilla, salió tal cual. De qué extrañarse. No es la primera hoja de ruta secreta del presidente que se cumple al pie de la letra. También su renuncia a presentarse a un tercer mandado, según propalaron sus escuderos, fue una decisión meditada años antes y sabiamente ocultada hasta el día de autos.

Esta reescritura de la pequeña historia, esta nueva rebelión contra la realidad, no deja de ser un intento de salvar el orgullo, neutralizar la humillación y aparentar autoridad, sin dar el único paso que podría dignificarle: su marcha. Una niñería. Pero, al tiempo, se vislumbra una rehabilitación póstuma de más enjundia. Se pretende hacerle pasar por un gobernante que respetó, como ninguno, las reglas del juego democrático. Como si no hubiera desembarcado con él en España la flota de la tiranía de la corrección política ni se hubiera instalado la feroz persecución del disidente. Ah, la democracia de "59 segundos". Cosas veredes.

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