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Cristina Losada

Lady Igualdad

Pero la democracia paritaria no es una parida más, sino algo peor. Pues está llamando a sustituir el mérito de los individuos por el sexo de los mismos; a anular al individuo y disolverlo en identidades colectivas.

Cristina Losada
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Puesto que ha sido el Día Internacional de la Mujer, hablemos de hombres. Y empecemos por el presidente del gobierno, que ha solventado la efeméride con un publirreportaje: la reunión con 200 mujeres; y una ley intervencionista: la de Igualdad. Por lo demás, no ofrece la ocasión nada interesante, tratándose como se trata de una más de las que imponen en el calendario las burocracias de todo pelaje para justificar tanto dispendio inútil, y que aprovechan los políticos que creen en el voto de las mujeres.

Que creen ahora. El PSOE no creyó en tal cosa en la II República, y se ha cuidado de ocultarlo en el anuncio-sábana del ministerio de Caldera, donde Clara Campoamor, valedora del sufragio femenino, aparece en efigie pero sin adscripción de partido. Tuvo enfrente a las diputadas socialistas, y no obstante logró que se aprobara. El insigne Indalecio Prieto salió de la sesión diciendo que "era un puñalada trapera contra la República". Recordado sea por aquello de la memoria histórica.

Y porque el gobierno lo ha puesto en bandeja con su lema para el día: "del voto femenino a la democracia paritaria". Zetapé no cree en la democracia sin adjetivos y le añade cualquier apellido, menos el de liberal. Algo parecido le pasa con la patria, que ha vuelto a relativizar con una cita incompleta de "Tres guineas" de Woolf. Pero la democracia paritaria no es una parida más, sino algo peor. Pues está llamando a sustituir el mérito de los individuos por el sexo de los mismos; a anular al individuo y disolverlo en identidades colectivas. Esto les viene de perlas a los lobbies, pero hace un flaco favor a las mujeres. Con la paridad, todas las que entren en listas electorales, en direcciones de empresas, en la cúpula de la Administración estarán bajo sospecha de cuoteras. Un retroceso.

Eso sí, lo de la paridad, aunque reaccionario, es vistoso. Las ministras y sus amigas se pasean por el mundo dando fe del feminismo radical del presidente, y no van de dos en dos, como al lavabo, sino de veinte en veinte. Sólo Moratinos, que hace la ola por los cinco continentes, compite con su afición viajera. La cuota trae mucho colorín y mucho movimiento. Menos por los países islámicos, que por ahí no pasan esas giras por los derechos de las mujeres.

Zapatero ha echado sobre los hombros de los empresarios la consecución de la igualdad, como si fuera su machismo inveterado el que mantiene cerradas las puertas de ese paraíso. Y, en efecto, de hacer caso a reportajes servidos para la efeméride, tan machistas son que pagan a las mujeres un 40 por ciento menos que a los hombres, "en igualdad de trabajo", remachaba la tele oficial. Pues mira tú por dónde, no son machistas, sino estúpidos, por no contratar sólo a mujeres. Pero Zapatero y la nueva ley los meterán en vereda. Como desconfía de la sociedad y de las mujeres, tira de ingeniería social, en un despliegue de paternalismo. A las empresas que se porten les van a dar premios y distintivos. Que les concedan el título de Lady Igualdad.

Tertuliana de Es la Noche de Dieter.

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