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Cristina Losada

Las fronteras de Puigdemont

Lo llamativo de afirmaciones tan grotescas como las del artículo de Puidgemont en el NYT es que pasen el 'fact-checking' de un medio que no es precisamente 'elnacional.cat'.

Cristina Losada
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Lo llamativo de afirmaciones tan grotescas como las del artículo de Puidgemont en el NYT es que pasen el 'fact-checking' de un medio que no es precisamente 'elnacional.cat'.
El prófugo Carles Puigdemont | EFE

Con la firma del prófugo Carles Puigdemont ha publicado The New York Times una pieza titulada "Outdated Borders Are Strangling Liberal Democracy" [Las fronteras obsoletas asfixian la democracia liberal]. Porque de puertas adentro el separatismo catalán ha hecho cuanto ha podido –y le han dejado– por asfixiar la democracia liberal, pero de puertas afuera, ay, tiene la astucia de presentarse como paladín de una democracia liberal amenazada por otros. Y si cuela, cuela. El Times no es el único Times en el que cuela.

El interés del artículo que lleva la firma del expresidente de los sediciosos, tan heroicamente huido, no reside en la reiteración de sus ataques a España y a la democracia española, a la que pone como el modelo autoritario de regímenes como el turco o la dictadura comunista china. Sí, como modelo que siguen y copian en Estambul y en Pekín. Pero lo único llamativo de afirmaciones tan grotescas como habituales en la melopea separatista es que pasen el fact-checking de periódicos que no sean Vilaweb o elnacional.cat. Claro que siempre ha habido formas de pasar contrabando.

Lo interesante, en cualquier caso, no es la falsedad conocida, sino el intento de enmascarar las pulsiones xenófobas del separatismo catalán con un ropaje intelectual que podríamos resumir mediante un título célebre: "Lo pequeño es hermoso". Así, dice la pieza que firma el prófugo que no necesitamos menos fronteras, sino más. Y las necesitamos –las necesitan los separatistas catalanes– porque los Estados pequeños son mejores, más pacíficos, más abiertos al comercio, más simpáticos y más guapos que los grandes.

¿Qué pasa con los Estados grandes? Según el artículo que firma Puigdemont en un periódico de uno de los Estados más grandes del planeta, y más descentralizados, los grandes pecan de centralismo, y a más centralización, más pobreza y desigualdad, porque "las capitales absorben los recursos humanos y financieros del país". No otras ciudades, no las urbes más dinámicas, sino las capitales, claro, porque el firmante tiene que poner en el punto de mira a Madrid. En España, dice, "el poder y los recursos crecientes de Madrid están despoblando muchas de las zonas rurales ya infrafinanciadas y envejecidas del país".

No sabíamos que a los dirigentes separatistas les importaran las zonas rurales infrafinanciadas del resto de España. Es más, sabemos que les fastidia, y mucho, contribuir a su financiación. Cuando establecieron que uno de los agravios que justificaba su demanda separatista era que "España nos roba", querían decir precisamente que consideraban un robo que una región rica, como Cataluña, tuviera que aportar al fondo común para que zonas más pobres del país salieran adelante. Porque la pobreza y la desigualdad en las regiones menos afortunadas sólo les importan cuando tienen que producir un artículo para la prensa internacional.

De modo que Madrid añade ahora, a los vicios de siempre, el de ser la gran culpable de la despoblación. ¿Y Barcelona? Cualquier comprobación de la historia de las migraciones internas españolas de nuestro tiempo nos confirmará que los mayores desplazamientos se produjeron en la década de los 60, y que los destinos preferentes de aquel éxodo rural masivo fueron Madrid, Barcelona, Valencia, Zaragoza y el País Vasco. Es muy posible que el autor del artículo prefiera obviar esa parte de la historia. Como quiere omitir también que la toxicidad del separatismo está provocando la salida de empresas de Cataluña y la pérdida de recursos humanos e inversiones. Pero es importante tener en cuenta aquellos movimientos de población, y otros anteriores, porque ahí está la clave para entender el gusto del separatismo catalán por las fronteras.

La razón por la que el nacionalismo catalán ha querido y quiere erigir una frontera entre Cataluña y el resto de España la ponían negro sobre blanco los catalanistas de los años 30, cuando estas cosas se podían decir sin tapujos ni disfraces políticamente correctos. Tal como decía el estadístico y economista Josep Antoni Vandellós, uno de los más ilustres científicos sociales catalanes de la época, si Cataluña tuviera fronteras, como las tiene un Estado, al menos podría regular la corriente inmigratoria procedente de otros lugares de España. Pero, al no tenerlas, "la invasión pacífica tiene lugar cada día y un ejército forastero de 20.000 o 25.000 hombres [españoles] viene cada año a aumentar el contingente ajeno". Una invasión que contribuía al progreso económico, pero representaba un problema para los catalanistas preocupados, como Vandellós, por "todo el patrimonio espiritual de nuestro pueblo, la cultura y el carácter de nuestra gente".

La frontera que quiere levantar el separatismo entre Cataluña y España no es la de "lo pequeño es hermoso". Es la de Nosaltres Sols!

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