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Las talibanas de Ferraz

Existían códigos y leyes para castigar lo uno y garantizar lo otro, pero hubo que elaborar ambas para que el presidente pudiera ser aclamado al grito de "ista, ista, ista, Zapatero feminista". Y luego, a recolectar.

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Si hay una causa que el zapaterismo ha querido monopolizar es la de la Mujer, que no la de las mujeres. La Mujer como grupo victimizado y no las mujeres, como individuos y ciudadanas. La desolación de los socialistas ante la moción del PP aprobada en el Senado para prohibir el burka, refleja la furia de quien se ha visto despojado de una bandera que creía suya y que sólo por confusión inducida se ha tomado como defensa de la igualdad. Así, lamentan airados que el PP pueda presentarse como paladín de los derechos de las mujeres y tachan la moción de pura demagogia y repugnante populismo. Nunca gusta perder un monopolio.

La cólera que han vertido las talibanas del PSOE contra la prohibición del burka lleva el argumento de la innecesariedad. Se trata, dicen, de una "ley proclama", pues ya disponemos de normas que vetarían el uso de esa prenda en dependencias públicas. Las vueltas que da la vida. Denuncian "leyes proclama" los especialistas en ese arte decorativo. La ley contra la Violencia de Género y la de Igualdad no tenían más propósito que dibujarle a Zapatero el halo de "justiciero de las mujeres". Existían códigos y leyes para castigar lo uno y garantizar lo otro, pero hubo que elaborar ambas para que el presidente pudiera ser aclamado al grito de "ista, ista, ista, Zapatero feminista". Y luego, a recolectar.

Ante el burka, los socialistas están con el corazón partido entre sus sucedáneos ideológicos. Su adhesión a los dogmas del multiculturalismo les conduce a defender el velo como seña de identidad de otra "cultura", y es sabido que toda "cultura" es más digna de respeto que la nuestra. No importa que imponga a las mujeres un status de inferioridad y un régimen de sometimiento. Nosotros, Occidente, no podemos trasladar a otras "civilizaciones" los derechos que, desde una insoportable superioridad, habíamos considerado universales. Pero, al tiempo, mantienen la fachada de la Igualdad y la política de victimización de la Mujer, lo cual les obliga a reconocer, a regañadientes, que el burka supone una vejación... aunque no lo bastante como para prohibirlo.

Incoherencias propias, en fin, de quienes han sustituido su antigua fe en la iglesia marxista por la beatería de la corrección política. Sus fieles celebran sin ningún sentido crítico todo lo que no sea occidental, demostrando justamente así hasta qué extremo grotesco son occidentales.

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