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Cristina Losada

Las tres bes

Para ellos, toda derecha que les pueda quitar la bicoca es extrema, y sólo una derecha modosita, retirada a hacer ganchillo en un rincón del parlamento, es moderada

Cristina Losada
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Estábamos con Bono y Blanco y llegó Belloch, o sea, que tenemos completas las tres bes. En mi ciudad había, y aun hay, un comercio llamado Las Tres Bes, nombre que respondía a las iniciales de bueno, bonito y barato. Ninguna de esas cualidades adorna a los tres hombres citados y por si hubiera alguna duda, sus reacciones a la manifestación de las víctimas del terrorismo, demuestran que son otras las bes que les acompañan en el sentimiento. Por ejemplo, la be de la bestia dormida a la que hacía referencia el antiguo biministro y hoy alcalde zaragozano. La be de la bilis que han gastado en abundancia para descalificar a la Asociación de Víctimas del Terrorismo, a sus críticos y a sus adversarios. Y la be de las barbaridades que han llegado a decir, que amenazan con ser el preludio de las que pueden hacer.
 
Con todo esto, ya vamos sabiendo a qué palo juega cada uno, como quería Pilar Manjón. Las tres bes juegan al palo de la extrema derecha, que además de basto es vastísimo. Todo el que no esté con ellos, y todo el que esté contra ellos, o sea, contra el gobierno y su partido, es fascio. A este palo ya vienen jugando desde hace tiempo, así que no es ninguna novedad. Más aún, de tan rancio y ridículo, da la risa, si no fuera porque ahora tienen el poder para cumplir esa amenaza de hacer uso de todos los instrumentos represivos, que formuló Belloch, revelando la profundidad de sus convicciones antidemocráticas. Empezaron por la detención irregular de dos personas por el hecho de salir en una foto y ser militantes del PP. Y el horizonte al que apuntan ese acto y las palabras del trío, más otros acompañantes, es uno de conculcación de los derechos y retroceso en las libertades.
 
El socialismo gobernante no sabe o no contesta cuando se le pregunta por su proyecto de Estado y por otros aspectos fundamentales de su política, pero sabe perfectamente que, dada su debilidad estructural y su incapacidad para ofrecer una buena gestión de gobierno, sólo tiene un medio para anclarse en el poder: destruir a la oposición que pudiera desbancarlos. Es el camino fácil, que es el que siguen los débiles. Las tres bes están desbrozando la senda con sus machetes dialécticos.
 
Para ellos, toda derecha que les pueda quitar la bicoca es extrema, y sólo una derecha modosita, retirada a hacer ganchillo en un rincón del parlamento, es moderada. Según ellos, la izquierda puede tomar la calle, desafiar e insultar al gobierno de la derecha, y agredir a sus gentes y a sus sedes, pero si unos manifestantes insultan a uno de los suyos y gritan contra su gobierno, todos son peligrosos fascistas y hay que volver a llenar los sótanos de la DGS. Y para ellos, las voces críticas y los medios de comunicación que no les hagan de comparsas, son peligrosos agitadores que conviene silenciar. Ya ocurrió en tiempos de González. El PSOE no ha dormido por mucho tiempo a la bestia.
 
En realidad, la volvió a despertar hace unos años, cuando decidió que el camino al poder pasaba por una campaña de agitación y propaganda que volviera a polarizar a la sociedad entre la izquierda buena y la derecha monstruosa, dos entes de ficción que se han cuidado de mantener siempre bien alimentados. La campaña continúa. El trío de las bes hace su trabajo. El otro, Peces-Barba, también. Él juega a espadas, instrumentos para cortar y dividir, en este caso, a las víctimas del terrorismo etarra, que pueden importunar en la partida que el PSOE y el PSE quieren jugar en el País Vasco.

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