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Cristina Losada

Los chicos del chapapote

No se les pida coherencia a los radicales chic. Creen que se lo merecen todo, y también el poder. Quieren echar a unos para entrar ellos.

Cristina Losada
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En tiempos tuvimos a las chicas de la Cruz Roja, al norte tenemos a los chicos de la gasolina y en Galicia nos han tocado los chicos del chapapote. Que ahora anuncian una peli de 25 cortos sobre los desastres de Galicia bajo Fraga. Porque lo suyo es la catástrofe. Un amor compartido por otros colegas suyos. La moda Michael Moore ha cuajado en la España anti-americana, paradoja sólo aparente, y si antes de las generales del 2004 unos cineastas subvencionados nos solazaron con su colección de cortos tremendistas, “Hay motivo”, las autonómicas gallegas van a contar también con su Hay, mejor dicho, con su ¡Ay!, pues se prefigura como panfleto lacrimógeno.
 
La producción se presenta bajo el título de “Hai que botalos”: Hay que echarlos. Y les convendría que la calidad fuera mejor que la de su precedente, pues el éxito de público de “Hay motivo”, cifrado en 496 espectadores, indujo a pensar que a quiénes había motivo para cuestionar como profesionales y mensajeros políticos era a los autores del engendro. Pero el público, el pueblo, no siempre está a la altura de sus “intelectuales”. En los Estados Unidos quedó patente, en las elecciones, el abismo que separa a éstos de aquel. Tanto que se comentó que los esfuerzos de Moore ayudaron a Bush a ganar las elecciones. Pero la arrogancia de los constituidos en élite cultural no se deja amilanar por la experiencia.
 
Y produce, esa arrogancia, una singular ceguera. En Galicia, tras seis meses de intensa campaña contra el PP a cuenta del Prestige, en la que no se ahorraron manifestaciones ni agresiones, las primeras elecciones celebradas, las municipales de 2003, dieron la victoria a los de Fraga, de nuevo. Hasta en la zona cero del desastre. ¿Reflexionaron las cabezas visibles de Nunca máis y demás tinglados del chapapote? Sí. Concluyeron que se había comprado a los votantes. Cualquier cosa menos reconocer su error: que su campaña atrajo a ciertos sectores, justo los más alejados de la realidad de la marea negra, pero irritó por desagradable, agresiva y esperpéntica a otros muchos, que fueron entonces los más.
 
Las únicas ideas que estas luminarias de la cultura han aportado a la política son dos: pintar de negro el panorama de Galicia y atacar a Fraga por viejo y por antiguo franquista. No son originales: las vienen utilizando el PSOE y el BNG tiempo ha. Y con el resultado conocido. El tirón del victimismo no es desdeñable, pero desde que Zetapé está en La Moncloa, esa arma la puede usar con mayor justificación el PP, ya que se ha castigado a Galicia con la paralización del Plan de mier…y otras afrentas. Hasta para las labores de regeneración tras el Prestige ha tacañeado ZP en los presupuestos.
 
Pero los del chapapote no van a permitir que la realidad les estropee su campaña y por si no era suficiente el fracaso de sus predicciones apocalípticas sobre el Prestige, ni el de su estrategia de entonces, nos van a dar dos tazas más de lo mismo. O sea, una ración de chapapote que no la van a aguantar ni los chocos, animalitos que tras el obligado parón en la pesca, salieron más lozanos que antes. Las estrellas de la cultura en gallego no se arredran por eso. Buenos son ellos. Agradecidos, no. Pues casi todos han hecho sus carreras a la sombra de la Xunta del PP y, muchos, en la televisión autonómica que tildan, cómo no, de facha. A la hora de cobrar, desaparece como por ensalmo la conciencia política. No se les pida coherencia a los radicales chic. Creen que se lo merecen todo, y también el poder. Quieren echar a unos para entrar ellos.

Tertuliana de Es la Noche de Dieter.

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