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Cristina Losada

Los héroes del chivatazo

Las asombrosas virtudes de los mentados no desmienten, sin embargo, los tristes y tozudos hechos, que o son o no son, sin vuelta de hoja. Cuántos delitos cometen personas a las que se tenía por honradas e intachables

Cristina Losada
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Sean cuales sean los argumentos de los abogados de la cúpula policial procesada por colaborar con ETA, las claves de su defensa política ya han quedado expuestas. Veamos. Se trata, imparte el ministro Jáuregui, de tres individuos que llevan toda la vida luchando contra el terrorismo e incluso han sido víctimas de la violencia. Su historial esforzado y heroico basta para no arrojar sobre ellos ni una sombra de sospecha. ¿Cómo van a ser colaboradores de la banda si eran sus tenaces combatientes? En cuanto a Rubalcaba, más de lo mismo: sus méritos como perseguidor de la ETA le absuelven de todo y, además, el Faisán sólo está vivito y coleando por motivos de política rastrera: "si existe hoy... es porque yo soy el candidato". O la importancia de llamarse Alfredo. En resumidas cuentas, hay que hacerles un homenaje y pedirles perdón por mancillar su honor con acusaciones horrendas.

Las asombrosas virtudes de los mentados no desmienten, sin embargo, los tristes y tozudos hechos, que o son o no son, sin vuelta de hoja. Cuántos delitos cometen personas a las que se tenía por honradas e intachables. Y de los hechos habla el auto de un juez que ha dedicado al caso pacientes investigaciones de continuo obstaculizadas por el ejemplar Gobierno y el suspendido Garzón, perejil de toda turbia salsa. Pero junto a esa defensa previsible, que parte de negarlo todo, ha aparecido otra inesperada, que parte de reconocerlo. Así, el diario más próximo a Rubalcaba, por salir a defenderlos, los ha declarado culpables. Les ha hecho una confesión a fin de exculparlos por la bondad de sus propósitos. Pues esos hombres rectos e intrépidos avisaron a la red de extorsión de ETA de su inminente captura por el supremo bien de "acabar con la violencia en Euskadi". Sacrificaron la ley a un ideal y eso, en tales latitudes, no merece reproche sino aplauso.

El fin justifica los medios es, en pocas palabras, el retórico parapeto moral de esta y otras incursiones en el fango de Gobiernos socialistas. Y el nexo de unión entre el chivatazo y los GAL. Cumplir la ley es monserga de leguleyos: hay objetivos superiores. Siempre, claro está, que los infractores sean los buenos. No la derecha, no Bush ni Thatcher. Ni siquiera Obama disfruta de ese privilegio. Sólo ellos.

Tertuliana de Es la Noche de Dieter.

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