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Cristina Losada

Los niños de la paz

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La mayoría de los españoles ha penalizado al PP por su apoyo a la guerra contra el régimen de Sadam. No sabemos qué inclinó más el voto, si la idea de que el atentado fue un castigo por apoyar a EEUU en Irak, o la de que el gobierno manipuló los datos sobre la autoría, acusación urdida sin contemplaciones, y aprovechando la torpeza del PP, por el conglomerado político-mediático que llamamos, para abreviar, izquierda. Lo que sí sabemos es que la mayoría votó en el sentido que más puede beneficiar a quienes utilizan el terror para imponer su voluntad. Como esto suena duro, hay que explicarlo.
 
Si confrontada con atentados que se presentan como represalia por la participación en ciertas acciones, la mayoría de los habitantes de un país retira su apoyo al gobierno que las ha abanderado, y lo ofrece a quienes se han distinguido por su oposición a ellas, el “mensaje” que les llega a los terroristas es claro: sus golpes pueden tener éxito. Pueden amedrentar a la población, conseguir que crea que estará segura si su país no les provoca: si no se busca líos, versión más presentable, para la propia conciencia, que el “sálvese quien pueda” que es en rigor. Y esa población pondrá en el gobierno a quienes menos “crispen” (molesten) a los de las bombas.
 
Desde luego, quienes tramaron la masacre de Madrid supieron golpear en el momento y del modo que más podía causar ese efecto. Sean quienes sean los ejecutores, los que los dirigen, y alguien los dirige, no son tontos. En España han dado un golpe maestro. El gobierno español que más firme y eficazmente ha luchado contra el terrorismo, ha sido castigado por los votantes. La posición de España en el frente antiterrorista internacional se rodea de incógnitas. Y, al mismo tiempo, aparece la incertidumbre sobre el futuro de la nación, al haber ganado un PSOE hipotecado con los nacionalistas, cuyas demandas de secesión más o menos maquillada van a encontrar un acomodo que era impensable con el PP.
 
España lleva más de treinta años soportando el acoso del terror. Debíamos, en teoría, estar mejor pertrechados ideológica y emocionalmente ante él. No es así. El discurso anti-terrorista que ha impregnado a la sociedad española se ha demostrado simple y endeble, incapaz de superar un desafío como la masacre del 11-M. Muchos aún ven el terrorismo como una locura sin sentido, y están ciegos a los objetivos que persigue y al chantaje que representa. Otros lo atribuyen a agravios más o menos justificados, y creen que resolviéndolos y con buen talante, mejorarían las cosas. O prefieren tragarse esos placebos antes que afrontar una realidad muy dura.
 
Suele decirse que la sociedad vasca está enferma, porque gran parte de ella ha aceptado hasta cierto punto, y con todas las excusas que se ha ido inventado, el chantaje del terror. Pues bien, la mayoría del resto de españoles no son distintos de la mayoría de los vascos. Ni de los catalanes que han votado a ERC, encantados de que Carod les haya contratado un “seguro de vida”. En España, mal que nos pese, son hoy más los que creen que el modo de combatir el terrorismo es andar por la vida con la ramita de olivo y dos canciones de los Beatles: “All we need is love” y “Give peace a chance”. Han ganado los niños de la paz, criados en una Jauja que suponen indestructible, con unas ideas de parvulario sobre la realidad del mundo. Que Dios nos coja confesados.

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