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Los porrazos hacen pupa

Sesudos editoriales deploran las “violentas cargas policiales”. En fin. Yo diría que es propio de una carga policial que sea violenta, y que si no es violenta, no es carga

Cristina Losada
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La policía ha disuelto una manifa en Valencia y ya tenemos masacre en los telediarios. ¡Lo nunca visto! Resulta que los antidisturbios emplean la porra y que los porrazos duelen y dejan cardenales. Tales realidades eran ignoradas por los escolares y asimilados que cortaban las calles a su antojo. Puede que nadie se las hubiera explicado. Quizá tampoco  les impartieron, ni en clase ni en casa, que infringir la ley tiene consecuencias. Y ni eso habrán aprendido. Pues de lo que ahora  serán conscientes, si no lo eran antes,  es que saltársela y recibir un porrazo  los convierte  en héroes políticos y mediáticos.  Ni el París de los adoquines, ni el Chicago de la convención demócrata del 68, que dio para un gran tema de Crosby, Stills, Nash & Young.  Aquí el que menos compara el rifirrafe de Valencia con la manifestación de estudiantes en Praga que desencadenó la revolución de terciopelo. Qué falta de respeto.

Sesudos editoriales deploran las "violentas cargas policiales". En fin. Yo diría que es propio de una carga policial que sea violenta, y que si no es violenta, no es carga. Pero es cierto que se le puede ordenar a la policía que asista  cruzada de brazos, que reparta confetti y caramelos  o,  mejor aún, que no aparezca. He visto siete u ocho vídeos de la "brutal represión" perpetrada por los agentes y si eso es todo cuanto hay, qué decepcionante. Si alguien quiere contemplar  una "carga violenta", busque de los CRS, de la Polizei alemana, de la police británica y del célebre NYPD. No reparten flores sino lacrimógenos, gas pimienta y pelotas de goma, y, si se tercia,  sacan perros y  policías a caballo. Todo, sin renunciar al porrazo clásico. Y en democracia, que diría ZP. En Valencia fue tan brutal la cosa que un manifestante podía hablar para las cámaras mientras un agente lo tenía inmovilizado, y el mártir de la represión es uno que pasó treinta horas en un calabozo.

Lo nunca visto, oiga. La "mayor actuación policial en democracia", dicen. No han visto a los antidisturbios actuando en serio. Incluso aquí, en España, donde se decidió en algún momento que la intervención policial es pura represión fascista.  Y que lanzarse a la calle sin permiso y con desmanes, confiere derechos extra. Como si la indignación  fuera un salvoconducto moral que autoriza al portador a vulnerar las normas. Una profesora o directora de instituto valenciana se lamentaba de que ahora le será muy difícil explicar a sus alumnos el papel de las fuerzas de seguridad. La pregunta es si tuvo a bien explicárselo antes. Dado el nivel, puede que baste con escribir en la pizarra dos sencillos enunciados: la ley existe y los porrazos hacen pupa.

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