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Cristina Losada

Mercancía de contrabando

Esos cambios de la arcaica normativa laboral que Rubalcaba denuncia como mercancía ideológica de la derecha, resulta que los hicieron, años atrás, sus correligionarios en Alemania

Cristina Losada
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Si Rubalcaba fuese a Saber y ganar, ese concurso de la tele, yo le pondría esta frase para que adivinara  la autoría. Dice así: "No se le permitirá a nadie que se eche a descansar a costa de la sociedad. Quien rechace un trabajo razonable, tendrá que hacer frente a sanciones". Denle tiempo, pero me temo que no acierta. Porque no dijo tal cosa Thatcher, ni tampoco un miembro de "la derecha más reaccionaria del empresariado español", sino el muy socialdemócrata Gerhard Schroeder, cuando era el canciller de la República Federal Alemana. Fue en marzo de 2003, el día en que presentó las reformas de la Agenda 2010, reputadas como el mayor recorte de uno de los sistemas de protección social más generosos del mundo. Incluía una reforma del mercado de trabajo, diseñada por el jefe de personal de la Volkswagen, Peter Hartz,  similar a la que ha presentado el Gobierno del Partido Popular en España.

Viene a cuento el precedente por el empeño de Rubalcaba en atribuir la reforma laboral a un proyecto ideológico de la rancia derecha y los empresarios chupasangres. Empéñese en ello si quiere asustar a los niños con el coco, pero esos cambios de la arcaica  normativa laboral que tacha de "mercancía ideológica de la derecha" y "purita ideología", resulta que los hicieron, años atrás, sus correligionarios en Alemania y el Reino Unido. Incluso en el otrora paraíso del welfare state, que era Suecia, fueron los socialdemócratas los primeros que sacaron la tijera. Se pueden discutir los efectos de aquellas reformas,  pero el sello de origen de la mercancía es indiscutible. En economías estancadas, con las arcas vacías y un desempleo en alza, las socialdemocracias europeas más sólidas y veteranas flexibilizaron el mercado de trabajo y recortaron las prestaciones, aun a costa de enemistarse con sus bases y los sindicatos.

Cuando accede a descender a lo concreto, el jefe de filas del PSOE avisa de que se trata de despedir a los padres para contratar en precario a los hijos. Es curioso que  denuncie la precariedad futura el partido que permitió la precariedad en el  pasado.  Pero aún lo es más que  esos hijos, cuyo destino  tanto parece preocupar a Rubalcaba,  estén dispuestos a marcharse a Alemania. Esto es, a un país donde  hay trabajo gracias, entre otras cosas,  a una reforma del mercado laboral que los socialistas españoles no quisieron hacer aquí cuando gobernaban.

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