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Cristina Losada

Merkel y un fantasma útil

La voluntad de exhibir a los alemanes como inveterados xenófobos y a Merkel como un trasunto de Wilders, el nuevo Le Pen de los progres, ya ha hecho de las suyas en nuestra prensa.

Cristina Losada
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La canciller alemana acaba de proclamar el fracaso del multiculturalismo y sólo en parte lleva razón. Ese derivado del relativismo cultural no se propuso trazar un marco de convivencia en sociedades con altas tasas de inmigración. Lo que sí ha pretendido, y en esa función está más vivo que nunca, es penalizar a Occidente. Ahí hay que reconocerle el éxito. El sentimiento de culpa, tan netamente occidental, ha pavimentado el camino al credo "multiculti", con su rechazo a nuestra civilización y su negación de la universalidad de sus valores esenciales. Circula, como saber convencional, que Occidente carga ¡en exclusiva! con un historial de abusos y genocidios, nada tiene que enseñar a los demás y debe de pagar por el horror infligido. En suma, todas las culturas, salvo la nuestra, son dignas de admirarse y preservarse.

Ese sustrato ideológico cimenta la indignación que despierta, de forma sistemática, todo intento de regular la inmigración y de integrarla, que es a lo que Merkel apuntaba. En seguida se levanta un rugido de acusaciones. A los europeos que confiesan dificultades con los inmigrantes, se los excomulga por racistas. A los políticos que propugnan alguna solución, se les condena por instigar la xenofobia y por electoralismo. Buscan el voto de la extrema derecha, se denuncia. Como si Europa estuviera plagada de camisas negras. Y como si la izquierda no pretendiera cosechar lo suyo al agitar el espantajo de un renacimiento del racismo y el fascismo. Más aún. La aparición de esos viejos fantasmas tiene, para la izquierda, la gran virtud de acallar cualquier debate racional sobre los remedios adecuados para los problemas que genera una inmigración masiva. Y es que en ese punto se nos presenta in púribus.

La voluntad de exhibir a los alemanes como inveterados xenófobos y a Merkel como un trasunto de Wilders, el nuevo Le Pen de los progres, ya ha hecho de las suyas en nuestra prensa. Ha difundido, incluso, un error de traducción lamentable a propósito del aprendizaje del idioma. La canciller no anunció que se echará de Alemania a quienes no hablen alemán "de inmediato". Pero la frase dará vueltas y alimentará el mito del desplazamiento de los conservadores hacia la extrema derecha. Nuestra izquierda siempre aspira a que sean idénticos. Si se excitara menos con sus propias exageraciones y pensara más...no sería ella misma.

Tertuliana de Es la Noche de Dieter.

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