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Las palabras de Otegi abren la puerta a hipótesis inquietantes. Pudiera ser que esto que el gobierno vende como una tregua tácita fuera el resultado de un compromiso, de una hoja de ruta trazada al alimón

Cristina Losada
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Mientras los Winston Smith no se empleen a fondo en la hemeroteca, ésta nos deparará descubrimientos como el que acaba de hacer Libertad Digital. Era el 12 de marzo de 2004, un día después de la masacre de Madrid. La autoría del atentado, en vísperas electorales, preocupaba al PSOE. Si era ETA, y más tras la coyunda de Perpiñán, las ambiciones socialistas marcharían por el sumidero. De modo que, cuando la banda criminal dijo que no era responsable de la atrocidad, Jesús Caldera, a la sazón portavoz socialista en el Congreso, se inclinó a creerla. Normalmente no miente, dijo; para desgracia de todos suele decir la verdad, apostilló.

Para desgracia del PSOE, Caldera pronunció, en efecto, aquellas palabras, que ahora regresan como un bumerán para darle al gobierno en la frente. Pues ahora, sólo un año y diez meses después, los mismos socialistas que aseguraban que ETA no solía mentir, escapan de mala manera, como tropa en desbandada, de lo que dice Otegi: que ha habido contactos secretos entre el PSE y Batasuna-ETA durante los últimos cinco años. ¿Mienten ahora los que antes decían la verdad?

María Teresa Fernández de la Vega, entre el hastío y el enfado, nos ha dejado una perla oscura para los libros de citas: "Ni confirmo ni desmiento, ni nada". Ese "ni nada" nos deja meditabundos. Más aún que la constatación de que no lo desmiente. La nada nos acecha, nos confunde, nos hace pensar en lo peor. En que nada de lo que ha dicho tiene sentido; en que el sentido se halla en lo que no ha dicho. En los "noes" que se alzan como vallas para ocultar la verdad y son abatidos por los síes que un año y diez meses antes pronunciaba Caldera.

La lucha antiterrorista va bien, o eso dice el gobierno, pero a la vez está muy cabreado. No con Otegi ni con ETA, a la que poco menos hay que mandarle un tarjetón de agradecimiento porque no haya matado en dos años, sino a los que no echan las campanas al vuelo por que disfrutemos de ese período de gracia. Tanto se empeñan en recalcar los del gobierno que hay que felicitarse por este bienio, que parece íntimamente convencido de que el mérito es suyo. Como si no hubieran sido los últimos años del gobierno anterior los que pusieron a la banda criminal contra las cuerdas. Y como si no siguiera amenazando y extorsionando, y sus portavoces no burlaran la ilegalización ni se pasearan por el escenario a plena luz, crecidos y envalentonados.

Resulta sospechoso que se pretenda hacer de que los criminales no maten un motivo de regocijo y aplauso. No, lo que el gobierno quiere hacer de ello es motivo para negociar con la banda. La resolución que aprobó el Congreso permite, en su calculada ambigüedad, iniciar conversaciones con los criminales sin que éstos tengan que dar nada más que pruebas de su buena voluntad. Las palabras de Otegi abren la puerta a hipótesis inquietantes. Pudiera ser que esto que el gobierno vende como una tregua tácita fuera el resultado de un compromiso, de una hoja de ruta trazada al alimón. Dice ZP que estamos mejor que antes de que él llegara. ¡Que se lo cuente a los no nacionalistas del País Vasco! A los que aún siguen, erre que erre, haciendo frente a los portamaletas de la banda. Y sin su apoyo ni su aliento ni nada.

Tertuliana de Es la Noche de Dieter.

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