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Cristina Losada

No meterse en políticas

Ni a Toxo ni a Méndez veremos rectificar una sola coma de sus arengas de rancio aroma anticapitalista. Pero los empresarios, ay, no quieren que se les oiga decir que los años de Zapatero son un lastre. Pobrecitos.

Cristina Losada
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Aquel dicho de Fraga según el cual los socialistas sólo aciertan cuando rectifican presenta un inconveniente empíricamente demostrado, y es que los socialistas españoles no rectifican jamás; al menos, nunca en voz alta. Lo contrario, en realidad, sería absurdo. Por qué van a dar pasos atrás las gentes de la izquierda cuando disfrutan de una derecha con una inveterada inclinación a retractarse, desdecirse y ofrecer la excusatio non petita. ¡Que rectifiquen ellos!

Un micrófono indiscreto aireó unas palabras del presidente de la CEOE que apuntaban a Zapatero como factor agravante de la crisis que se padece. Nada, en fin, que no se haya dicho y nada ofensivo para la persona del presidente del Gobierno. Sin embargo, el señor Díaz Ferrán consideró necesario matizar en seguida que su frase se había sacado de contexto y que formaba parte de una conversación privada. De eso ya nos habíamos percatado, como también de que nuestro empresario no es un maoísta disfrazado de hombre de negocios. Pero aun no siendo de izquierdas tiene uno derecho a formar y a expresar sus opiniones. Es más, sería grato que, por una vez, un jefe de la patronal manifestara lo que piensa en un asunto que le concierne y nos concierne, en lugar de sumarse, como es costumbre, a la legión de pelotilleros del Gobierno.

Para esa simpática labor ya disponemos de los otros "agentes sociales" en liza, o sea, los sindicatos, que no se privan de proyectar el cabreo por la crisis contra el empresariado, soslayando siempre cualquier responsabilidad del ejecutivo. Ni a Toxo ni a Méndez veremos rectificar una sola coma de sus arengas de rancio aroma anticapitalista. Pero los empresarios, ay, no quieren que se les oiga decir que los años de Zapatero son un lastre. Pobrecitos. No se vaya a pensar que se meten en políticas. Con tal de no cometer pecado tan terrible prefieren el papel de colaboracionistas de un Gobierno incompetente.

El horror a hacer política no es privativo de la clase empresarial. Constituye un sentimiento generalizado y casi un instinto de la derecha. No es plato de gusto la política para quienes tienen almas de contable y cuerpos de despacho. De ahí que esperen que otros hagan política por ellos. Ahora los hay tan ilusos y aprovechados que albergan grandes esperanzas en los sindicatos, a los que incitan a convocar huelgas generales. A ver si CCOO y UGT consiguen llevar a la derecha al gobierno... El caso es cosechar sin arrugarse el traje.

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