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Cristina Losada

Noticias del Ministerio de Borrado

Las purgas de la Memoria Histórica, ya se veía venir, no se iban a quedar en las anécdotas chuscas de los callejeros municipales.

Cristina Losada
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Las purgas de la Memoria Histórica, ya se veía venir, no se iban a quedar en las anécdotas chuscas de los callejeros municipales.
Ramón Menéndez Pidal. | Cordon Press

Los nombres de los científicos españoles que distinguían las diez categorías de los Premios Nacionales de Investigación van a ser borrados por los comisarios políticos del Ministerio de Ciencia e Innovación. Santiago Ramón y Cajal, uno de los dos únicos premios Nobel de Medicina que ha tenido España, ya no dará nombre al Premio de Biología. Gregorio Marañón deja de dárselo al de Medicina. El nombre de Ramón Menéndez Pidal queda eliminado del Premio de Humanidades. El de Julio Rey Pastor desaparece del Premio de Matemáticas y Tecnologías de la Información. Y así con todos los demás, hasta diez, incluido, naturalmente, el ingeniero Juan de la Cierva, que de celebrado inventor del autogiro ha pasado a ser, por obra y gracia de la orwelliana Secretaría de la Verdad (oficialmente de Memoria Democrática), uno de los artífices del golpe del 36.

Hasta hace poco, cualquier español medianamente culto sabía que esas diez figuras estaban entre las más distinguidas de la ciencia, la medicina y las humanidades en España. Hay, por supuesto, más, o, mejor dicho, hubo, pero esa decena resulta indiscutible. Lo único que se puede discutir es si habrá, otra vez, personalidades de la talla de aquéllas, y si todavía habrá entonces españoles cultos que las conozcan. Porque de lo que hay poca duda es de que estas amputaciones, que tan sañudamente realiza el dogmatismo ideológico, dan la medida del avance de la incultura y la ignorancia, al tiempo que contribuyen a extenderlas. Al Ministerio de Ciencia e Innovación que dirige Pedro Duque debería darle vergüenza este borrado de estilo estalinista, pero por no dar, no ha dado ni explicaciones.

Ha dejado caer el ministerio, no obstante, que algo han tenido que ver en el asunto tanto el hecho de que no hubiera nombres de mujer en los galardones como las recomendaciones de la Secretaría de la Verdad, sita en el ministerio de Carmen Calvo. Y cómo no. Si De la Cierva ha entrado en la lista negra hecho un golpista de tomo y lomo, quién les dice a los comisarios políticos del astronauta Duque que no entrarán también en ese registro de secuaces del general Franco, figuras como Marañón, Menéndez Pidal y otros que vivieron la guerra civil y la posguerra. Para mayor seguridad, todos fuera. Y, por el lado de la vigilancia feminista, lo mismo. Más vale que no haya nombres a que falten nombres de mujer y los premios caigan en imperdonable pecado machista.

Las purgas de la Memoria Histórica, ya se veía venir, no se iban a quedar en las anécdotas chuscas de los callejeros municipales. Menos aún cuando coinciden con las que promueve un omnipresente feminismo catequizador dispuesto a la revisión y el borrado de la historia y la cultura. La conjunción de estas dos pulsiones suprime algo más que unos nombres. Ya que la historia no ha sido como debería ser, o la eliminan o la cambian por otra inventada. Winston Smith sigue haciendo horas extras. De anécdota en anécdota, van a darnos una España sin historia o, por ser más precisos, un Estado sin dimensión en el tiempo, perfectamente ahistórico y políticamente correcto.

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