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Cristina Losada

Ojos que no ven

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ZP es un par de ojos. Su dueño no debería haber permitido que se los alabaran. Pero él sonreía cuando le daban voces de ¡guapo! y ¡qué ojos!, voces que cuando son femeninas nos producen a algunas cierta vergüenza ajena, y finalmente ha hecho de los ojos un valor político y electoral. Hay que reconocer que algo avanzamos desde los tiempos en que a Felipe se le pedía un hijo a gritos. Algo, no mucho. Yo me encuentro los ojos de ZP cada vez que abro mi servidor de internet, en una foto perfecta que elimina los defectos más visibles, a saber, la frente dilatada y la barbilla huidiza. Los ojos, que suele llevar algo desorbitados, aparecen ahí en su justa medida. Pero, ¿le sirven para algo?
 
Zapatero dijo que si viera con esos ojos al terrorista Antxon por la calle, no le miraría a la cara. Hubo muchos chistes porque Rajoy declaró, en la misma entrevista, que él compraba el “Marca”, cosa que le ha servido para resolver más de un mitin a los candidatos socialistas aquí y allá. Pero aquella respuesta de ZP, que acaba de recordar y empeorar Carmen Chacón, es mucho más preocupante. Lo de menos es que Antxon esté o no esté buscado por la policía. Lo inquietante es que un español, aspirante a presidente del gobierno para más, al imaginarse ante un capo de la banda que asesina, amenaza y destruye vidas y libertades, en lugar de plantarle una mirada de basilisco, vaya y aparte la vista.
 
Sin duda quiso que fuera gesto de desprecio, pero revela debilidad. Guarda similitud con ese “mirar para otro lado” que define la infausta actitud que tanto ha contribuido a reforzar el poder del terror. Se desvía la mirada porque uno no aprueba lo que ve, pero tampoco se atreve a desaprobarlo del todo. El individuo no quiere tomar postura y opta por no mirar la realidad que lo pone entre la espada y la pared. Unos por miedo, otros porque encuentran cierta justificación a los actos de violencia, los que apartan la mirada no han hecho sino darles ínfulas a los asesinos de ETA y sus cómplices (y primos de otros lares) para que se comporten con la chulería y la brutalidad de las bandas nazis. Si a los matones no se les hace frente, y hay que empezar por mirarles a la cara, se crecen y se comen el mundo. Cualquier chaval lo sabe.
 
A pesar de su aspecto de mosquita muerta, ZP ha demostrado que tiene garras. No estamos ante un líder que no sepa lo que es la confrontación y que rehuya el cuerpo a cuerpo con el adversario. Con el PP lo ha buscado muchas veces. Es más, cuando ha pedido un debate pre-electoral con Rajoy y éste no quiso, declaró: “No se atreve a un debate público conmigo porque no podría aguantar mirarme a los ojos si le pregunto dónde están las armas de destrucción masiva”.
 
Zapatero sabe lo que significa mirar a los ojos. Pero no se le ocurre hacer ese gesto, que haría frente a Rajoy, ante un jefe de la banda etarra. Fue un error, pero los errores muestran de qué pie cojea uno. Zapatero no debería cojear del mismo pie que tantos miembros del elenco “progresista”, que apartan la mirada de la realidad del terrorismo, quieren evitar la confrontación y confían en el diálogo. Bueno, eso con ciertos terrorismos. Si la ETA fuera de declarada filiación neonazi, los dialogantes de hoy pedirían palo y sólo palo. Y hasta puede que ZP, si se topara en la calle con uno de sus jefes, le dijera algo fuerte a la cara.

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