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Cristina Losada

Old New Reds

El lugar común de que la juventud es rebelde se demuestra falso una vez más. Tenemos a obedientes seguidores de directrices que marcan el partido nodriza y la corrección política.

Cristina Losada
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De haber leído El conocimiento inútil, las Juventudes Socialistas podrían entender algunos de sus propios actos. Sabrían, por ejemplo, que ese vídeo promocional suyo, injustamente divulgado, obedece a la necesidad de reconstruir "el universo maniqueo que precisa (la izquierda) para sentirse a sus anchas". Revel detectaba esa pauta hace veinte años. Desde entonces, poco ha cambiado por aquí que no sea para peor. La creación del enemigo, pulsión de regímenes autoritarios y totalitarios, tiene para el PSOE de hoy mayor importancia que para el de ayer. Ha aumentado su inseguridad, así como el riesgo de sus apuestas. Una campaña como la que lanzan contra la derecha "cada vez más de derechas" –Blanco aún diría más: cada vez más de derechas– llena de autocomplacencia al que la emprende, pero revela un descomunal vacío. Sin enemigo, no son nada. Como nada son, lo inventan.

Esa nada se muestra en plenitud en el proyecto del nuevo jefe del equipo juvenil socialista. Preguntaba Revel: ¿A qué puede enganchar la izquierda todavía su identidad cuando se ha visto privada de ideología y de programas? Las Juventudes Socialistas creen, a imitación de sus mayores, que el rótulo basta. De ahí, esa idea genial de promover un proyecto a la izquierda del PSOE. Pero si uno quiere saber, curioso que es, en qué consiste la historia, se encuentra en primerísimo lugar con la legalización de la eutanasia. Cuidado. Quién diga que no se trata de una preocupación prioritaria de la juventud, no ha leído el Diario de la guerra del cerdo de Bioy Casares. Aunque para ilustrarse sobre este punto, lo suyo es acudir a unos pioneros, o sea, a los nazis.

La eutanasia, sin embargo, ahora es de izquierdas. Y no únicamente porque es de izquierdas lo que los partidos de izquierdas dicen que es de izquierdas. También por necesidad. Apenas quedan mercancías en el establecimiento que anuncia el rótulo. La obsesión intervencionista ha debido desplazarse de la economía a la moral. En ese ámbito, practican ahora estos socialistas la intromisión en la esfera privada, ese juego favorito. Una injerencia que alcanza su cenit lunático en la pretensión de moldear los sentimientos y los afectos, que persigue la Educación para la Ciudadanía.

Qué viejas están las Juventudes. Metidas en la senectud, se resisten a desprenderse de símbolos que presidieron las mayores abominaciones perpetradas en el pasado siglo y aún en éste. En gustos musicales no salen de sus años mozos, con La Internacional, Ay, Carmela y otros hits de actualidad entre sus favoritos. Si bien de "internacionalismo", nada. Ni los nacionalismos –que consideran ¡progresistas!– ni el terrorismo de esa matriz o islamista, les preocupan. Las amenazas que hoy se ciernen sobre la libertad no perturban su senil modorra. Para una organización decrépita, la eutanasia sería una digna salida. Pero, ¿en qué mundo viven estos niños viejos? Aparte, quiero decir, de aquel en que se aprenden las artimañas para llegar a burócratas de la política –la especie más dañina del siglo, al decir de Paul Johnson.

El lugar común de que la juventud es rebelde se demuestra falso una vez más. Tenemos a obedientes seguidores de directrices que marcan el partido nodriza y la corrección política. Esa ortodoxia, por cierto, no conoce herejes en ninguno de los dos grupos rivales. "Queremos partir de problemas reales", ha dicho el jefe de las Nuevas Generaciones. Y cita acto seguido la sostenibilidad y la lucha contra el cambio climático. La juventud políticamente organizada está gagá. Una, apegada a los mitos de una ideología de frutos funestos, y otra, embobada por las imposturas que han ocupado su lugar. Lo dicho, el conocimiento inútil.

Tertuliana de Es la Noche de Dieter.

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