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Cristina Losada

Quince presidentes y dos liantes

Los nacionalistas no están, ni en realidad estuvieron nunca, por el modelo autonómico. Tampoco, por más que se empeñe el PSOE, por la idea federal.

Cristina Losada
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Los nacionalistas no están, ni en realidad estuvieron nunca, por el modelo autonómico. Tampoco, por más que se empeñe el PSOE, por la idea federal.
El presidente regional vasco, Íñigo Urkullu, con el catalán, Quim Torra | EFE

Las conferencias de presidentes autonómicos que se celebraron telemáticamente durante el estado de alarma dieron una imagen inusual. Estaban todos. Por la cuenta que les traía o por lo que fuera. Pero no faltó ninguno. Y es sabido quiénes son los renuentes a cualquier escena que los ponga en el mismo escalafón que los demás. Mucho molesta a nacionalistas y separatistas estar en plano de igualdad con los representantes de otras regiones. Su motto es: "No somos como Murcia". No está claro por qué la tienen tomada con Murcia. Acabada la circunstancia que los forzaba a mantener apariencia de buen comportamiento, dan por concluida la simulación de una conducta civilizada y vuelven al monte. En el caso de Urkullu, por sus fueros. Ni él ni Torra irán a La Rioja a la conferencia de presidentes presencial.

Torra se lo ha contado por carta a Sánchez, con la obvia intención de que la carta se difunda. Tiene unas elecciones en perspectiva y no es cosa de que se diga que se comporta como un presidente autonómico. Eso, jamás. Torra es el presidente de la república bananera de los ocho segundos y sólo accede a tratos bilaterales, según y cómo, con el Gobierno del país vecino, España. El dinero lo quiere, eso sí. Ya pone negro sobre blanco la cantidad que hay que darle por no ir. Pero verse con el Rey, eso no lo quiere. Se entiende. El Rey es muy alto y Torra, francamente, no está a la altura. Dice en su carta que no le corresponde –"no nos corresponde", plural mayestático– limpiar la imagen de la Casa Real. Bastante tiene Torra con limpiar la suya.

Urkullu va directamente al grano y al granero. No irá a San Millán de la Cogolla porque no se ha puesto fecha a una reunión de la Comisión Mixta del Concierto Económico de la que, supuestamente, depende la capacidad de endeudamiento del País Vasco. Ése es el pretexto. El contexto es sacarle todo el jugo posible a su apoyo a Sánchez y a su representación del nacionalismo con modales. Por si el presidente socialista se hubiera hecho alguna ilusión, el PNV ha dejado claro todo este tiempo que los modales, y el voto, tienen un precio muy alto. Bueno, si quiere tensar la cuerda el nacionalismo vasco, en septiembre tiene la oportunidad: súmese a la moción de censura de Vox.

Las ausencias de Torra y Urkullu se podrían ver como un desaire a Sánchez, si no obedecieran a las mezquinas pulsiones de siempre. Los nacionalistas no están, ni en realidad estuvieron nunca, por el modelo autonómico. Tampoco, por más que se empeñe el PSOE, por la idea federal. No tienen voluntad de cooperación o cogobernanza, como prefiere decir el Gobierno. Bajo el estado de alarma no les quedó otra que comportarse. Ahora, todo serán desprecios y portazos para compensar la breve etapa de cuasi normalidad institucional.

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