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Cristina Losada

Regresa la Santa Compaña del Prestige

Almas errantes de la política gallega desean forjar un nuevo Prestige en las llamas que arrasan la Fraga do Eume, pero deberían recordar que su historial en materia de incendios es lamentable.

Cristina Losada
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Pasé una vez varios días en una fraga, que es el equivalente gallego de la selva, y puedo dar fe de que, en la noche, cuando la niebla de los ríos se enrosca en la espesura y lame las piedras milenarias, solo la fe racionalista le impide a uno ver las formas legendarias de duendes y trasnos y el lúgubre cortejo de la Santa Compaña. Ahora, con las Fragas do Eume tristemente asoladas por el fuego, se han venido a sumar a esas cohortes de fantasmas algunos espectros de hechura más reciente, hasta el punto de que no descarto que  aparezcan entre ellos los de Manolito Rivas y Suso de Toro, quienes ya han demostrado  su  expertise tanto en materia de incendios como en el manejo de naufragios de petroleros. Y, ciertamente, no son pocas las almas errantes de la política que desean forjar  un "nuevo Prestige" en las llamas que arrasan uno de los bosques atlánticos más extensos y mejor conservados de Europa.

No es la fatalidad la que quema los bosques, pero estamos fatalmente destinados, por lo visto, a que los partidos –y sus compañas– hagan de accidentes y desastres mera leña para provocar incendios políticos. Lo de las Fragas do Eume es, desde luego, muy grave y merece la más rigurosa de las investigaciones y también de explicaciones detalladas que deberá dar el Gobierno. Pero hay quienes, consumidos por la impaciencia, prefieren recurrir al combustible de la movilización. Así, ha surgido con admirable premura una plataforma, no vaya a ser que se extinga el fuego, y varias organizaciones ecologistas han convocado manifestaciones de protesta, lo cual viene a confirmar que el medio ambiente  es asunto demasiado serio como para dejarlo en manos de los ecologistas, tan sensibles al barómetro político.  

Los dos partidos en la oposición, el PSdG y el BNG, estarán soñando con  la resurrección del Nunca máis, pero deberían recordar que en punto a incendios su historial es lamentable. En el verano del 2006, cuando ambos gobernaban, se quemaron decenas de miles de hectáreas y durante doce días, Galicia fue Mordor, la tierra negra, y los montes ardían como piras. Ahí fue cuando se lucieron Rivas, el otro, los socialistas y los ecolos, al pergeñar la teoría de que el fuego era obra de una trama criminal urdida por gentes del PP que no toleraban un "gobierno progresista". Nunca máis se supo de aquella trama, o no se ha sabido  hasta hoy, cuando  ha regresado con otros ropajes, aunque siempre es el mismo culpable. Y es que el monte quemado se podrá regenerar con mucho esfuerzo, pero ciertas conductas políticas sólo pueden degenerar.

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