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doña Elisa, al militar en el PP, no tiene otro género que ser de derechas. Y ese es otro universo. Ahí la mujer se iguala totalmente al hombre y no merece especial protección

Cristina Losada
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Si por las fotos hemos de hacernos una idea de lo que ocurrió el miércoles en el parlamento de Galicia, yo remito a la que publicaba El Correo Gallego en portada al día siguiente: un agente de policía derriba, con gancho al cuello, a la alcaldesa de San Cibrao das Viñas ante la sede del legislativo. No woman no cry, que cantaba Bob Marley. Sobre todo, si es del PP, como Elisa Nogueira. Pues de no haber sido del PP la presunta alborotadora, otro gallo hubiera cantado. Máxime cuando la escena tenía lugar en vísperas del Día contra la Violencia de Género. El policía cumplía órdenes, pero alguien las dio, y se le habría caído el pelo, y hasta la calva, si la mujer agredida se hubiera estado manifestando, por ejemplo, contra el CGPJ al grito de que había que quemarlo por machista y patriarcal. La Nogueira-no-del-PP se nos hubiera erigido en símbolo de la mujer maltratada.
 

Foto: Ramón Escuredo

 
El concepto de violencia de género no está claro, ni en la Ley que no acaba con la violencia, ni fuera de ella. Pero podemos descartar que la escena referida entre en tal categoría. Pues doña Elisa, al militar en el PP, no tiene otro género que ser de derechas. Y ese es otro universo. Ahí la mujer se iguala totalmente al hombre y no merece especial protección. Por lo cual, si resulta una hooligan, se le puede atizar con la misma vara e intensidad que a uno del otro sexo. Cosa que yo no deploro. Sólo apunto una más de las asimetrías que acostumbran a generar los seguidores del Justiciero de las féminas. Esos que montan campañas publicitarias para hacernos ver que combaten la violencia contra las mujeres, y para encubrir su fracaso, pues el goteo de víctimas no cesa. Y no se les ocurre pensar que sus campañas pueden surtir el efecto contrario al deseado. Sólo les importa marcar la pose.
 
Pero no esa la única asimetría que viene al caso. Los que han montado algaradas fuera y dentro de los parlamentos cuando estaban en la oposición, no permiten, cuando gobiernan, que se les pague con la misma moneda. Los exhibicionistas de camisetas con el “no a la guerra”, los que fueron a insultar a Federico Trillo, y tantos y tantos más, podían y debían, estaban justificados, su indignación era justa, y venían, como dice uno del BNG, “a defender el pan de sus hijos”. Pero los del PP ni tienen hijos ni causas justas, de modo que si hacen algo remotamente parecido, son reprimidos sin piedad y comparados con los golpistas del 23-F. Se hace caer sobre ellos el peso de la ley y de los fornidos brazos de la fuerza pública. Total, que fueron los del rural del PP a montarla y se encontraron con la dura lex del embudo. Una lex que puede ser respondida por las propias y suyas de un rural que es semillero de votos del PP.
 
Los que propusieron a Dolores Villarino como presidenta del parlamento autonómico sabían lo que se hacían. Sabían que la socialista no se corta a la hora de imponer el embudo y la mordaza. Con ella de guardiana, el legislativo galaico tiene asegurado el espectáculo. No se va a disculpar. Naturalmente. Su alusión al 23-F dice que fue “espontánea”. Y tanto, como que sin percatarse, mentó la soga en casa del ahorcado.

Tertuliana de Es la Noche de Dieter.

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