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Cristina Losada

Sarah Palin disparó

Para qué queremos texto cuando tenemos contexto. De lo contrario, el acto carecería de significado político y ello, ay, nos privaría del placer de culpar a los conservadores.

Cristina Losada
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El caso se cerró a los pocos minutos de perpetrada la matanza y no queda ya duda alguna. Sarah Palin, ex gobernadora de Alaska y musa del Tea Party, es la autora intelectual del tiroteo contra una congresista y sus acompañantes. Cierto que no apretó personalmente el gatillo, pero las pruebas de que incitó ese infame acto de violencia son irrefutables. El más concluyente de los indicios es un mapa. Palin señaló en ese mapa, ¡con dianas!, a la malherida Gifford y a otros candidatos demócratas. Lo clásico, unos señalan y otros disparan. No nos pongamos tiquismiquis recordando que el Partido Demócrata ha empleado el mismo procedimiento gráfico. ¡Ni compares! Sólo a los del Té se los ha retratado empuñando armas en plan Rambo y sabíamos que era cuestión de tiempo que las usaran contra sus rivales. ¿Qué otra cosa, si no, iba a hacer esa gente de la América "rural, inculta y salvaje"?

La segunda prueba terminante es el contexto. Palin y su banda han generado un "clima de odio" sin precedentes. Su incendiaria retórica tenía que acabar perturbando a alguien, máxime a alguien joven e inestable como el autor material de los disparos. ¿Acaso no determina el contexto social las vidas y los actos personales? Felizmente para el argumento, hemos olvidado el "clima de odio" creado por la Izquierda durante el mandato de Bush, cuando la Derecha era fascista y el presidente un nuevo Hitler, que se deleitaba en el asesinato de niños y en el obsceno intercambio de "sangre por petróleo". Era una retórica fuerte, sí, pero justificada y, además, la Izquierda es la única con legitimidad moral para hacer uso de la indignación estridente, la hipérbole, la rabia y el insulto.

En esta sentencia que se ha dictado contra Palin y sus huestes, el menor de los detalles es cuanto se refiere a la condición y el móvil del criminal. Poco importa que no perteneciera al Tea Party. Es perfectamente irrelevante si había visto alguna vez el mapa de Palin. O si sabía quién era esa señora. Recibió su perniciosa influencia a través del aire que respiraba. El odio de la Derecha flotaba en la atmósfera, él lo inhaló y actuó en consecuencia. Para qué queremos texto cuando tenemos contexto. De lo contrario, el acto carecería de significado político y ello, ay, nos privaría del placer de culpar a los conservadores. Hasta los abundantes llamamientos a recuperar el civismo y la tolerancia en el debate se hacen desde la presunción de que es el Tea Party quien lo ha "envenenado". En otras palabras, y gruesas, la denuncia del odio se está utilizando para exacerbarlo.

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