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Cristina Losada

Simulacro con Trini y Tomás

Cuando el criterio que rige de forma exclusiva la elección de candidatos es su tirón en las encuestas, sobra la arcaica estructura que todavía se mantiene en pie. Y, bien mirado, no estamos tan lejos de ese modelo.

Cristina Losada
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La pugna de Gómez y Jiménez por la candidatura socialista a la Comunidad de Madrid es un cúmulo de paradojas. La rivalidad entre los dos aspirantes es intensa, pero no hay ningún debate político que la acompañe. A la pregunta sobre si divergen sus programas, si difieren sus proyectos, si hay, en fin, alguna cuestión de fondo en liza, la respuesta es negativa. La única razón que justifica la pelea se acaba de presentar, con descarnado laconismo telegráfico, en forma de sms: "Sólo Trini puede ganar Madrid". Y, como prueba incontestable, los datos de un sondeo. Tal es y será el argumento más contundente en favor de Jiménez y en detrimento de Gómez.

De llevar a sus últimas consecuencias la lógica de los fans de la ministra, un partido podía consistir en un pequeño aparato y un gabinete sociológico. Ni congresos ni primarias ni militantes, ¿para qué? Cuando el criterio que rige de forma exclusiva la elección de candidatos es su tirón en las encuestas, sobra la arcaica estructura que todavía se mantiene en pie. Y, bien mirado, no estamos tan lejos de ese modelo. Aunque el viejo formato sigue ahí, los partidos tienden a reducirse a una marca y a un icono –la imagen del líder– cuya selección y fabricación se someten a los dictados propios de la era audiovisual.

La realidad desmiente cada día que los partidos sean centros de discusión y elaboración política en los que participan sus miembros. Por no discutir, no se discute ni en esos órganos de dirección que se reúnen para escuchar al líder en el respetuoso silencio del temor reverencial. El grueso de sus integrantes, con prudencia instintiva, prefiere "no meterse en políticas" por lo que pueda pasar.

Las batallas se libran entre bastidores y la militancia sólo entra en escena para sellar al resultado: aclamar al vencedor y darle puerta al vencido. De ahí ese aroma retro, ese aire anacrónico, que rodea a Gómez y Jiménez cuando cortejan a las bases, convidadas de piedra a las que, de pronto, hay que devolver a la vida. No a la vida política, desde luego, sino a la vida del figurante. Así, todo el "discurso político" de Tomás es ofrecer a los militantes el protagonismo que no tienen y el de Trini, prometerles la victoria que no tendrán. Otro simulacro de democracia interna.

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