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Cristina Losada

Un reguero de mier...

Por suerte para las ministras y el resto de la tropa, los casos del Prestige y del San Pedro no tienen punto de comparación. Espanta imaginar a este Gobierno gestionando un accidente de la magnitud de aquel.

Cristina Losada
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El gabinete zapaterino sólo ha aprendido una cosa de la catástrofe del Prestige y esa única lección que ha extraído no versa sobre la gestión de vertidos, sino sobre la gestión de la imagen. Y tampoco la ha estudiado a fondo. Cierto que la ministra de Fomento interrumpió su estancia en Uruguay para acudir a Ibiza, teniendo a buen seguro muy presente lo que su propio partido dijo de un Fraga empecinado en mantener su agenda e inaugurar no sé qué temporada de caza. Verdad que el zafarrancho se completaba, bien que cinco días más tarde, con el envío a la zona cero de la titular de Medio Ambiente. Pero hasta ahí llegó la clase, porque en todos los demás aspectos de la marea negra provocada por el San Pedro han brillado la vaguedad, la inoperancia y las contradicciones. Las dos ministras no han sido capaces de concertar siquiera sus declaraciones públicas. Claro que Magdalena Álvarez no se coordinaba ni consigo misma. En cuanto a Zapatero, ha vuelto a demostrar que su maestría principal es la ausencia.

Son los componentes de este Gobierno un fiel reflejo de sus ideas sobre la enseñanza, o sea, ejemplos andantes de la ley del mínimo esfuerzo. ¿Para qué aprender algo más si no hace falta? Y, en efecto, no tienen esa necesidad. Saben que no surgirá ninguna movilización que les culpe del accidente y que no se convocarán manifestaciones para pedir sus cabezas. Están seguros de que nadie les arrojará chapapote a la cara y de que la prensa y las televisiones no agitarán contra ellos el cotarro de la opinión pública. Y disponen de esa seguridad porque los especialistas en esa clase de campañas son ellos y los nacionalistas, o sea, los que ahora mandan en España. Y en Baleares. Aún así, por si las moscas, han pedido "responsabilidad" a los medios. Y es notorio que, cuando reclama tal cosa uno del PSOE, se obedece. Como en Cataluña, cuando el hundimiento del Carmelo. Pacto de silencio.

Un silencio como el que mantiene, por ejemplo, la plataforma Nunca máis, que contra lo que todavía creen dos o tres ingenuos, no estaba especializada en mareas negras, sino en mareas de manipulación, que son igual de tóxicas, pero más persistentes. O sea, una plataforma offshore de la racionalidad, aunque movida por la lógica implacable del oportunismo político. Los efectos de su contaminación han sido tan duraderos que no hay catástrofe medioambiental en España, y más si hay chapapote de por medio, que no concite el recuerdo del desenfreno apocalíptico que desató el accidente del Prestige. Hasta se les pincha para que se pronuncien, a ver si salen en defensa del Gobierno, como el verano pasado con los incendios de Galicia, cuando alumbraron la tesis de la trama incendiaria, que dirigía una banda de septuagenarias, insurrectas contra el Progreso y el Cambio.

Por suerte para las ministras y el resto de la tropa, los casos del Prestige y del San Pedro no tienen punto de comparación. Espanta imaginar a este Gobierno gestionando un accidente de la magnitud de aquel. A Maleni y a Narbona viéndoselas con una chatarra flotante, cargada con 77.000 toneladas de fuel oil pesado, agrietada en medio de un temporal y yendo a la deriva hacia la costa de la Muerte. Si con unas pocas toneladas de chapapote se han hecho un lío, si las grietas que sellaban un día se les abrían al siguiente, si lo que era un reguero luego era un hilo, digo una línea, y si la mancha no llegaba pero sí llegaba, miedo da pensar lo que harían y dirían. Por fortuna, lo de Ibiza es menor. Y la señora de Fomento pensará, en ese estilo suyo, coloquial y desenvuelto, a qué viene tanta conmoción por un simple reguero de mier...

Tertuliana de Es la Noche de Dieter.

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