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Cristina Losada

Una mañana y dos tardes

La ignorancia puede resolverse, si no en dos tardes, en treinta, pero la autocomplacencia basada en el falseamiento de la realidad, tiene peor remedio, si es que alguno

Cristina Losada
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El presidente del gobierno, nos informaban sus entrevistadores de El País el domingo, acumula papeles y carpetas en su mesa de despacho. Lástima que en ninguno de esos documentos se explicara cuál es la diferencia entre una nación y una nacionalidad, con lo que, cualquier día, la soberanía nacional, que reside en el pueblo español, se pondrá a subasta. Pena que no aclararan tampoco cuáles son los valores que conforman la identidad europea, que la igualdad de la mujer no es cuestión de equivalencia numérica, y que el cenit histórico de la extensión de los derechos, que el presidente llama "de la ciudadanía", no se alcanza con la equiparación de las uniones homosexuales al matrimonio.
 
Puede que estas lagunas que puso de manifiesto la mañana de la entrevista, consigan rellenarse en dos tardes, que era lo que iban a necesitar para ponerlo al día en economía. Pero hay otros agujeros más insondables. En ningún momento declaró el presidente que el esclarecimiento del mayor atentado terrorista de nuestra historia, el del 11-M, sea una prioridad de su gobierno. Todo lo que sobre el atentado quiso decir, aparte de asegurar que ahora hay más medios para combatir el terrorismo "internacional", es que va a presentarse a la Comisión por sus "convicciones democráticas". Unas convicciones que sólo salieron a la luz, curiosamente, cuando se aprobó la comparecencia de Aznar.
 
Pero Rodríguez no sólo oculta ese "detalle" y el hecho de que su partido pusiera todas las trabas a la creación de la Comisión y a sus investigaciones, sino que, además, hace de su comparecencia un hito histórico: una de sus "iniciativas irreversibles", esas que ningún gobierno futuro podrá echar abajo. La propaganda manda sobre la verdad, como suele ocurrir. Y con parecido talante alardea de otra: que ningún gobierno se atreverá a enviar tropas españolas al extranjero sin pasar por el parlamento, cuando sabe que el apoyo a la intervención en Irak se debatió en múltiples ocasiones en las Cortes y que de haberse sometido a votación el envío de tropas, se hubiera aprobado, ya que el PP contaba con mayoría absoluta.
 
De la entrevista se colige que ningún problema perturba el horizonte mental del presidente. Puede resucitar ZP aquello de "España va bien". Con Marruecos, las relaciones son excelentes y con Argelia también, a pesar del giro español en la cuestión del Sahara, giro que no dice en qué consiste, aunque lo sospechamos: adiós al referéndum de autodeterminación. Pero ese cambalache se llama llegar "a un acuerdo". Con Estados Unidos, todo a pedir de boca, pese a la retirada de Irak, pues "la sinceridad es el mejor valor de la amistad" y no hay como decirle a las claras al amigo que lo traicionas, y exhortar a los demás a hacerlo, para que te quiera. La crisis de los astilleros se solucionará a gusto de todos y por eso ha tenido que ser la Xunta de Galicia, y no el gobierno central, la que recurra las sanciones de la UE. Y así en todo.
 
La ignorancia puede resolverse, si no en dos tardes, en treinta, pero la autocomplacencia basada en el falseamiento de la realidad, tiene peor remedio, si es que alguno.

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