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Cristina Losada

Una reacción impresentable

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Ya se han hecho, creo, casi todos los juegos de palabras posibles con Toques y el abuso sexual por el que ha sido condenado su alcalde. Así que no voy incurrir en ello, y además, antes de hablar del caso, quiero decir algo sobre Fraga, contra quien se ha dirigido finalmente el clamor. Manuel Fraga ha sido un gran cazador. Y a veces sus reacciones son como las que tendría un grande y fiero animal al sentirse acosado por seres insignificantes, pero dañinos. En esas tesituras, Fraga suelta unos rugidos y lanza unos zarpazos que siempre tienen un fondo de razón, pues no en vano es un animal dotado de raciocinio y erudición pasmosa, pero que puestos en solfa por los medios, caen como bombas que se convierten en munición para el contrario. El caso del alcalde de Toques ha sacado de nuevo a la luz las corrientes no tan subterráneas que hay en el Partido Popular gallego y que se han venido definiendo como la rural y la urbana, o la derecha antigua y la moderna.
 
Presidir y manejar un mejunje tal no es fácil, pero hay ocasiones, como ésta, en la que no caben las ambigüedades. Por muchos años que llevara el alcalde en el PP, por mucho que ese tipo de cargos locales de larga fidelidad represente para el partido, sólo se puede actuar de una manera cuando ha sido condenado por un abuso sexual: expulsarlo del partido y del cargo que ocupa en virtud de su pertenencia a él.
 
La reacción tardía de la dirección del PP gallego es aún menos presentable cuando acababa de actuar rápidamente y con todo el peso de la sanción, contra el antiguo alcalde de Sada, otro municipio coruñés, y sus concejales, por presentar una moción de censura apoyándose en un edil tránsfuga del PSOE. A los de Sada se les abrió de inmediato expediente de expulsión. Del de Toques, primero se pidió un informe y se negoció su baja en el partido. Fraga restó importancia al delito: si el juez sólo le multó, dijo, "se supone que fue por una conducta incorrecta, no una violación o un acto de pederastia". E invocó la presunción de inocencia. Ahora pide la dimisión del alcalde, pero para que la oposición no manipule el asunto. En resumen: tarde y mal.
 
La benevolencia que ha mostrado el PP gallego para con el de Toques colisiona con el código ético del partido y colisiona, sobre todo, con la opinión que atinadamente merecen hoy a la sociedad delitos como aquel por el que se le ha condenado. No dudo de que a Fraga le repugnen ese tipo de delitos, y pienso que le han podido un paternalismo indulgente con los suyos y una impaciencia ante las exageradas proclamas de la oposición. Pero la culpa de que se haya llegado a ese punto ha sido de su partido.

¿Cómo es posible que un afiliado que había sido denunciado por abusos sexuales a una chica de 15 años en el 2001, sea presentado como candidato a alcalde en las elecciones municipales del 2003? Algo no ha funcionado en el PP gallego cuando esto ha podido ocurrir. Hay en algunos sectores del PPdeG, una mentalidad que pasa sobre estas cosas –y otras, relacionadas con las corruptelas– como si fueran menudencias, pero resulta que no lo son, y además, no lo son para mucha gente. Por eso siguió equivocándose Fraga cuando así calificó el asunto y lo comparó con otros que para él son de más enjundia como la negociación de Carod Rovira con la ETA. No se pueden comparar ambas cosas, salvo en un aspecto: a ambas hay que responder con un rechazo tajante.

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